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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

¿Es posible un pacto educativo desideologizado?

Manuel Menor Currás
27-Abril-2018

Con un pacto aséptico, alejado de asuntos conflictivos, sin privilegiados y postergados, todos serían igualmente libres ante la LOMCE.

Cuando en 1929 Karl Mannheim explicó cómo en la conformación de la opinión pública -parte vital de la democracia- entran diversidad de medios e intereses, nos dejó advertidos de que “no hay discurso más ideológico que el que se presenta como no ideológico”. Sucede que, en el contexto habitual de disparidad de perspectivas, “el concepto particular de ideología implica que este término expresa nuestro escepticismo respecto a ideas y representaciones de nuestro adversario”. Suele en estos casos ser recurso próximo a la mentira para esquivar, en nombre de una supuesta neutralidad, las interpelaciones de cualquier situación.

Hay momentos, sin embargo, en que no hay modo de que no resulte sectario lo que los estrategas políticos pretenden “natural” o de “sentido común”. Tales tópicos, inductores del prejuicio y del miedo, siempre son superados por la reincidencia empírica del sesgo tendencioso y, en esta renqueante Legislatura, hacen cada vez más incoherente el plan de pacto educativo que Méndez de Vigo exhibe -supuestamente dialogante- desde junio de 2015.

Sin profundas averiguaciones, los desconciertos del día a día traicionan su sonrisa. Que unas cremas cuenten más que las falsedades de un título educativo es preocupante: son tradiciones parejas a las que sonrojan e intimidan por confundir abuso y violación en sentencias como la de los de “la manada”. Pero que el “caso Cifuentes” haya cuestionado determinados cimientos de la universidad no debiera dejar en el limbo de la incompetencia al ministro de Educación y no tuviera nada que vigilar antes de remendar irregularidades y prestigios perdidos. Y que el “caso Casado” se haya presentado como normal, de alguien a quien venga bien lucir un titulillo aparente, tampoco sería problema si la privacidad de pagar un certificado acreditativo de las competencias que fueren no pusiera en riesgo el prestigio del sistema educativo.

Súmense también los ardores guerreros que Cospedal y Méndez de Vigo quieren introducir en el currículum escolar, como si de lo más natural se tratara –por nostalgia de aquella “Formación del Espíritu Nacional” y, por supuesto, en contra de la “Educación para la Ciudadanía” que en 2006 trató de introducir la LOE-, y debiera ser así la integradora educación para la paz en las aulas escolares.

Ideologías sin escrúpulo ni crepúsculo

Pero lo que más evidencia una ideología sectaria son las decisiones que denotan valor bursátil contable. Imposiciones de este tenor, denunciadas regularmente por plataformas diversas, pueden verse en lo que CCOO había informado al comienzo de este curso (nº 362 T.E.) y que el pasado día 16 mostró claramente la SER: en estos años de crisis, el PP le ha sustraído a la enseñanza pública 6.000 millones de euros –pese al aumento de su alumnado-, mientras a la concertada le ha subido la dotación en 160 millones más. A este ejemplar gestión ideologizada de la universalidad y libertad educativas que prescribe el art. 27 CE -cambiando la relación entre pública y privada- se añade lo que cuenta el último número de T. E., el 365: “El Gobierno se ha comprometido ante Bruselas a reducir la inversión educativa al 3,67% del PIB y a un 3,4% en 2030, cifras que nos remiten a los años 80 del siglo pasado”; y, por otra parte, en las desgravaciones fiscales de los PGE-2018, hay “un monto de 1484 millones de euros para beneficios fiscales a familias que han podido sufragar cuotas en escuelas infantiles privadas, uniformes escolares, clases de idiomas, etc.”. Agréguese, en fin, que el TC acaba de mostrarnos con su sentencia sobre los colegios segregadores -un 70% del Opus Dei y el ponente del fallo judicial también- al lado de qué ideologías se ponen ocho de sus miembros.

Por eso Méndez de Vigo no entiende que tejer un sentido común compartido para resolver las urgencias del sistema educativo -más allá de la escueta escolarización-, requiera otros mimbres. Para empezar, no ofender con argucias a quienes reclaman atención a los intereses comunes, los de todos.

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