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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Grietas en la inauguración oficial del curso 2014-15 en Pereiro de Aguiar

Manuel Menor Currás
20-Septiembre-2014

Que no es un curso normal el que acaban de inaugurar los reyes en Ourense, es perceptible en la secuencia contextual de la ceremonia el pasado día dieciséis.

La escuela elegida. Puestos a escoger una escuela rural –el guiño particular que se quería destacar–, la del Ayuntamiento de Pereiro de Aguiar, con 21 profesores, seis grupos de Primaria y tres de Infantil excede mucho la media de las existentes en el rural gallego (Ver: http://www.laregion.es/articulo/ourense/felipe-vi-inaugura-curso-escolar/20140916125911492916.html ). La comarca en que se asienta este C.E.I.P. es más bien una zona periurbana y tiene todos los ingredientes que la inmediatez de la capital provincial, a 7 kms., ha ido generando con altibajos entre los años del “desarrollo” y los del auge del ladrillo: segundas residencias de muchos profesionales avecindados, que se han agregado a las de los naturales de las 13 parroquias originales, varias residencias geriátricas, algunos colegios privados, tres o cuatro miniurbanizaciones del momento previo a la crisis actual y, también, un polígono industrial con dos o tres empresas de éxito en el sector textil y otras de servicios. El sector agrícola, como ya comentaba en 2010 el equipo editorial de Ir Indo, “es una actividad escasamente representativa” (Galicia en Comarcas: Ourense, pg. 125). Ni siquiera desde lo demográfico –uno de los ingredientes más duramente expresivos del rural español o del gallego y muy especialmente el orensano–, puede decirse que esta zona siga la pauta. Esta provincia, que tenía en enero de 2013 un censo de 325.389 habitantes, había disminuido en igual fecha de 2014 hasta 321.837 siguiendo una tendencia que viene ya de bastante más atrás. Sin embargo, la de este ayuntamiento es contraria: el padrón municipal de 2013 registró 6326 residentes –que en electores, de las Generales de 2011, fueron 5253–, mientras en 2010 censó 6134 vecinos (http://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=142&L=0). Aunque la pirámide de edades muestra un fuerte descenso de nacimientos en los últimos 30 años, la particular situación de esta área al este de la capital orensana ha facilitado que tenga una leve contención respecto a la depresión demográfica de la provincia, la más baja de España junto a Zamora y Lugo. La repercusión de todo ello en la escuela en que ha tenido lugar la ceremonia inaugural del curso 2014-2015 no hace de ella, pues,  que sea representativa del mundo rural. El CEIP de Pereiro vendría a ser, más bien, muy similar a cualquier otro de un acomodado barrio urbano. Otras escuelas públicas  hay –entre los otros 92 municipios orensanos–, y bien cerca igualmente de la ciudad en algunos casos,  que no alcanzan el número de niños indispensable para permanecer abiertas, si no lo tienen con dificultad.

La denominación del centro escolar. Los reyes, no obstante, habrán notado alguna diferencia respecto al colegio a donde llevan a sus hijas: siempre un centro público las tiene. Y puede que sus asesores les hayan informado sobre el titular que da nombre a este, Ben-Cho-Sey, para quien el homenaje implícito de la presencia regia en un colegio que llevara su nombre, probablemente le hubiera causado alguna sonrisa. El humorado seudónimo lo había adoptado Xosé Ramón Fernández Oxea (Ourense 1896, Madrid 1988) para escribir sus crónicas periodísticas desde Marruecos después del desastre de Annual en 1921, al estilo del Ben-Beley de las Cartas Marruecas, la obra póstuma de José Cadalso (en 1789).   Preocupado por la modernización educativa, viajó a distintos países de Europa para entender mejor las corrientes metodológicas existentes en nuestro entorno, estudió en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y llegaría a ser inspector de enseñanza. Por otro lado, sus preocupaciones por un mejor conocimiento de Galicia le habían adscrito al Seminario de Estudios Gallegos y le acabarían llevando a la Real Academia Gallega. Fruto de todo ello fueron algunos trabajos de investigación relativos al barroco gallego y, sobre todo, a las características de su tierra –justo en el área de Pereiro–, entre los que destacan algunos libros sobre cuentos populares, el carnaval gallego o el estudio de la lengua de los afiladores (el barallete) y, sobre todo, una extraordinaria investigación pluridisciplinar –en colaboración con otros miembros del grupo Nos: Risco, López Cuevillas, Taboada Chivite– sobre Santa Marta de Moreiras: Monografía dunha parroquia ourensá (1925-1935), que todavía hoy es modélica y sirve de referencia a etnógrafos y antropólogos. Pero además, también la política se cruzó en su camino: fue presidente del Partido Galeguista, lo que motivaría que, en agosto de 1936, fuera uno de los primeros maestros represaliados y sometidos a depuración. Desterrado en Extremadura, ya pasaría casi todo el resto de su vida en Madrid, donde siguió trabajando intensamente por Galicia. Su epitafio en el cementerio orensano de San Francisco no deja lugar a dudas: “Quedan suprimidas tódalas homenaxes postmortem, porque as cousas ou se fan ao seu tempo ou non se fan”.

El texto leído por el rey –y más en el contexto de otros como el de Wert, a quien obligaba también la ceremonia–, apenas sobresalió de lo protocolario y convencional que, en situaciones institucionales de este carácter, podría pronunciar. Las tres o cuatro ideas fuerza que presiden la actuación del Ministerio de Educación actual son las que han encontrado voz explícita en la voz de Fernando VI: a) “una educación de calidad”, que había que “aumentar urgentemente”; b) que la Formación Profesional –al parecer, laudatoriamente escogida por los alumnos más que nunca–, “es pieza clave en el imprescindible proceso de mejora y actualización de la educación en España”; y c) que, dados los problemas del fracaso escolar y la empleabilidad que tenemos, es preciso adaptar “la oferta educativa y la demanda de la economía”(Ver: http://www.teinteresa.es/espana/DEBEMOS-URGENTEMENTE-AUMENTAR-CALIDAD-EDUCACION_0_1213079663.html).Visto el debate que en estos años pasados ha generado la insistencia casi exclusiva en tales núcleos operativos –a espaldas y en contraposición de otras muchas de gran valor para matizar la empobrecedora simplificación de significados y visto, además, que la puesta en marcha, por ejemplo, de la FP Básica es, como asegura un reciente comunicado de CEAPA, un “auténtico despropósito”–, la leve insinuación del discurso a un trabajo consensuado, igual que la referencia a que la de la educación era “la mejor inversión”, quedó muy amortiguada. Sin voces discrepantes de la oficial –cuando las otras voces del coro hablador en esta inauguración de curso fueron tan armónicas–, la compleja e inquietante realidad educativa española del momento, y en particular la de la educación pública, fue la gran ausente.

Las fotografías del acto abundan en la necesidad de deconstrucción que necesitan actos de este tipo, imprescindible ejercicio, por otra parte, para una vida democrática más exigente y más conectada a los problemas que los ciudadanos padecen: el funcionamiento institucional exige formas más depuradas. La prensa que cubrió el acto ha proporcionado varios grupos de fotografías muy elocuentes del momento y su contexto. Si se contraponen entre sí, se podrá apreciar que un amplio número de personas –unas doscientas– acudieron al acto a protestar por lo que entendían que era un mal comienzo de curso. Y también hay constancia de otra treintena retenida a dos kilómetros del lugar por no haber madrugado suficientemente para engrosar el número de discrepantes. Nada que ver con los sonrientes plácemes oficiales (https://www.facebook.com/pages/Familia-Real-Espa%C3%B1ola/123107454373173?fref=photo). El resultado de esta contraposición es similar al que hasta el pasado día siete mostraban en la Fundación Mapfre las fotografías de Cartier-Bresson. Su reportaje sobre la coronación de Jorge VI,  el 12 de mayo de 1937, se había centrado en la expectativa de la multitud agolpada en las calles de Londres y no en el  fasto brillante de la ceremonia casual: esa fue la noticia que  el  afamado ojo del fotógrafo francés quiso fijar  en su cámara, sin que quedara constancia explícita de la coyuntural ritualidad circundante (Ver: https://www.google.es/webhp?sourceid=chrome-instant&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=Cartier-Bresson%3A%20Coronaci%C3%B3n).

La imagen resultante de los ambiguos resquicios icónicos y gestuales del pasado día dieciséis en Ourense es suficientemente inconexa y hasta contradictoria como para ser contemplada con satisfacción. Tal vez los únicos que pudieran tomarla como tal serían Wert y Gomendio, ampliamente sonrientes en el acto, al ver –se supone– que sus esfuerzos por “sostenella y no enmendalla” habían llegado a la culminación. Puede, también, que para algunos niños y sus padres asistentes al insólito acto en la chaira de Pereiro de Aguiar, les quede como “bonito recuerdo” de futuro. Pero para muchos otros ciudadanos, cuando el curso que se estaba inaugurando viene plagado de continuidad de recortes –no sólo en recursos, sino también en diálogo por una educación de todos y para todos–, éste sólo habrá sido un momento más en un camino provisionalmente esquivo para el que –como habría hecho Fernández Oxea–, tendrán que armarse de ironía esperanzada. Leonard Cohen –premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011– ya cantaba para ellos en 1992 que “todo tiene una grieta y así entra la luz” (Anthem en: The Future).

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