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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Los republicanos españoles del 24 de agosto de 1944 en el Ayuntamiento de París

Manuel Menor Currás
22-Agosto-2014

El 22 de abril de 2013, se cambió el nombre de la céntrica plaza municipal, para recordar el final nazi en la ciudad del Sena, “liberación” a que contribuyeron muchos republicanos españoles.

Rebautizada como Explanada de la Liberación, esa plaza es uno de los puntos emblemáticos de París, muy cerca de Notre Dame, les Halles y el Centro Georges-Pompidou. La preside un imponente edificio neorrenacentista de 1873, recargado de estatuaria historicista, desde donde se gobierna la ciudad. Antes, se había venido llamando Plaza de Grêve y, desde 1803, de l´Hôtel de Ville. Allí –en ese espacio hoy tan lúdico y protocolario–, actuó por primera vez la guillotina revolucionaria, continuando la función de lugar ejemplarizante de ejecuciones que había tenido desde la baja Edad Media. Cuando la propuesta de cambio nominal fue sometida a deliberación del Consejo de la ciudad hace más de un año, la exposición de motivos aducida fue que “en la noche del 24 al 25 de agosto de 1944, París fue liberado por la policía parisina, las Fuerzas Francesas del Interior sublevadas en la capital por el coronel Rol-Tanguy y la 2ª División Blindada del general Leclerc con el capitán Dronne al frente de los elementos avanzados”. (http://a06.apps.paris.fr/a06/jsp/site/plugins/odjcp/DoDownload.jsp?id_entite=25257&id_type_entite=6). Igualmente, se hacía mención a que, al día siguiente, allí había tenido lugar la recepción del general De Gaulle por miembros de  distintos comités y destacados combatientes, al que había seguido su discurso a la población: Paris outragé! Paris brisé! Paris martyrisé! Mais Paris liberé! La liberación de París –se añadía– “es una victoria militar, que contribuyó también a una victoria política de Francia, fruto de la acción conjugada de la resistencia interior y exterior”. La modificación de nomenclatura era propuesta por la actual alcaldesa de la ciudad, Anne Hidalgo, gaditana de origen e hija de inmigrantes españoles. Y el entonces alcalde, Bertrand Delanoë, añadía que se pretendía “rendir homenaje a los resistentes, a los franceses libres, a los aliados y a todos los insurgentes que han liberado París en la noche del 24 al 25 de agosto de 1944”. a- a exposiciliberrso a la poblaciab de  distintos comoitª divisi Plaza de a de Notre-Dame y de otro punto neur

Tampoco en tan reciente ocasión administrativa, sin embargo, fueron nombrados expresamente los españoles que habían tenido tanto que ver con dicha “liberación”. El relato oficial los dejaba subsumidos –e invisibles– debajo de una pluralidad de “elementos avanzados”, pese a ser el núcleo principal de esa avanzadilla del capitán Dronne al entrar en el corazón de París y alcanzar su Ayuntamiento a las 21,22 hs. del día 24 de agosto de 1944. Se alargaba, aunque más matizado, el afrancesamiento de esta historia en que tan importante había sido el papel de los españoles, tantos años expulsados de la memoria colectiva francesa. Y no es que Anne Hidalgo, entonces vicealcaldesa, no supiera nada. Por sus circunstancias concretas –abuelo republicano exiliado, padres también emigrados a comienzos de los sesenta, doctorado en Lyon, inspectora de trabajo y militancia socialista–, le venía dada la familiaridad con los 144 españoles mandados por el teniente alicantino Amado Granell, el primer uniformado aliado que entró en el palacio del Ayuntamiento parisino donde, con otros compañeros al mando del capitán Dronne, había enlazado, por fin, con Georges Bidault y el Consejo Nacional de la Resistencia, ocupantes de ese edificio desde unos días antes. Esa entrada en la plaza de l´Hôtel de Ville, y la fotografía de Granell con Bidault, publicada al día siguiente por Liberation proclamando: Ils ont arrivées, debería haber formado parte del bagaje cultural de esta mujer nacida en San Fernando en 1959. Y seguramente también lo había sido la alegría de Victoria Kent aquellos días, por la lectura de sus memorias de exiliada. Le han tenido que ser familiares las fotografías de estos hombres subidos a aquellos primeros camiones artillados y tanquetas que, rotulados con los nombres de Guadalajara –el primero en entrar en la plaza–, Madrid, Teruel, Guernica, Ebro y, también, España Cañí, Don Quichotte y Almirante Buiza, llenaron de alusiones a España y su pasada guerra el centro de París en un momento tan especial. Más de una vez en su entorno familiar tuvo que escuchar el ¡Ay Carmela! que, esa noche del 24 al 25, se cantó en las cercanías del Sena, como si de la batalla definitiva de la República española se tratara. Dronne sí había captado ese sentimiento: “¡Qué satisfacción –había escrito– y qué felicidad para aquellos españoles, combatientes de la libertad. París era un extraordinario símbolo para ellos”. Hidalgo tenía que haber visto, además, las fotografías en que aquella bandera republicana había ondeado en el primer desfile patriótico que siguió el día 26, al lado de De Gaulle, por los Campos Elíseos. E incluso unas cuantas veces más, porque a lo largo de tantos años transcurridos desde entonces, los menguantes luchadores de aquellos días y sus amigos pronto empezaron a organizar, por motivos de exilio y peleas contra el olvido, resistentes actos reivindicativos de su memoria en suelo francés año tras año; en el cementerio del Père Lachaise, por ejemplo, o ante el propio Hôtel de Ville, mientras los relatos oficiales de las jornadas liberadoras de agosto marginaban siempre, de manera consciente, la presencia española –y otras presencias extranjeras– en aquella guerra. Prueba fehaciente de que la ahora alcaldesa de París sabía todo esto es que la propia Ana –o Anne– Hidalgo ha prologado una atractiva y bien documentada narración gráfica titulada LA NUEVE, les républicaines espagnoles qui ont libéré Paris (Editions Delcourt-Mirages), con dibujos y guión del valenciano Paco Roca. En ese prefacio, Anne, consciente de esa historia de desmemorias y de que, de algún modo, esa presencia española era un pago a los brigadistas que habían ayudado a sostener los ideales republicanos en España, escribía en abril de 2014 que, entre las tropas que habían liberado París y restablecido el orden republicano en Francia, “no olvidamos nunca que había hombres cuyo país no había sido liberado y que no lo sería durante mucho tiempo”.

No era la primera vez que el dibujante valenciano plasmaba en  viñetas  de  cómic –documental, no inventado como en las Hazañas bélicas de los años cincuenta– lo acontecido a españoles exiliados en Francia. Este très beau roman graphique –que dice Hidalgo– había sido editado ya en España por Astiberri Ediciones como Los surcos del azar con buen éxito de crítica especializada el año anterior. En El País  (28/12/2013), por ejemplo, sus lectores lo habían calificado como mejor cómic del año. En la corriente  de algunos narradores gráficos que, desde los primeros años de este siglo, sobre todo, han asociado su creatividad con el trabajo de documentalistas e historiadores y han popularizado lo que éstos han logrado investigar. Esta historia de “aventura heroica y trágica” ya había salido de la penumbra para entonces. Desde 2008, la corresponsal de Tiempo en París, Evelyn Mesquida, tenía ya tres ediciones –una reciente en francés, en 2012– de su libro- reportaje La Nueve: los españoles que liberaron París (Ediciones B y, en 2010, Zeta-bolsillo), donde dejaba a la luz, a través del testimonio de algunos supervivientes con quienes había logrado contactar –pero también mediante la incursión en la documentación administrativa francesa, en que hay constancia de las múltiples condecoraciones del más alto nivel para nuestros compatriotas–, la ruta vital seguida por aquel grupo de perdedores de la guerra civil española. Desde que en 1936 habían cogido las armas para defender a la República con apenas 20 años, hasta que entraron en la plaza parisina en agosto del 44, con pasos intermedios, desde Alicante, en Orán, el Tchad, Casablanca, Liverpool, Southampton y Normandía, para culminar sus hazañas –cuando en “La Nueve” ya sólo quedaban 16 españoles–  en  Berchtesgaden, el 5 de mayo de 1945. Algo antes del libro de Evelyn, Rafael Torres había escrito El hombre que liberó París: Amado Granell y la última batalla de la República (Temas de Hoy, 2007), donde podía seguirse el mismo periplo de los exiliados que, abandonada España en 1939, fueron a parar a la legión extranjera francesa y, más en concreto, a la NOVENA, donde Granell ejercería como teniente. Al calor de este libro y del de Evelyn, también el capitán de esta compañía de la División Leclerc, Raymond Dronne –muy destacado ya en el libro de Evelyn–, encontraría en El Diario de Burgos (26/10/2008) una semblanza muy cercana: R. Pérez Barredo había averiguado cómo le habían puesto al frente de aquella Compañía de españoles altivos, entre otros motivos porque conocía bastante bien nuestra lengua desde un temprano curso de verano en la ciudad castellana. Y destacaba lo bien que se había entendido con sus subordinados en el tiempo de milicia y después, preocupado por “el honor” que se les debía: “Los voluntarios españoles de La Nueve –dejó escrito este francés en una especie de memorias– contribuyeron a escribir una gran página de la historia con su valor y su sangre. Tuvieron la gloria de entrar los primeros en París, de participar en el camino hacia Estrasburgo, y de terminar su epopeya en Berchstesgaden”, el nido de Hitler, “aunque muchos de ellos no llegaran a ver el final de la guerra europea” (Ver: http://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/24843/3/THVIII~N85~P14-29.pdf).

La menor reticencia de la ahora alcaldesa al recuerdo expreso de sus compatriotas españoles en esa plaza desde donde rige la municipalidad de París desde abril de este año,  no evita la sensación de frustración vivida por los supervivientes y sus familias a lo largo de todos los transcurridos desde aquella gesta. Los particulares intereses franceses por cohesionar su país nacionalizaron el relato de aquellos días: prefirieron encubrir la cobardía de la Asamblea Nacional que había puesto final a su IIIª República, y entregar “todos los poderes del gobierno” al mariscal Petain el 16 de junio de 1940 (www.marechal-petain.com/versionespagnol/allemandsparis.html). La sombra de las relaciones internacionales desde antes del final de aquellla guerra, la inmediata “guerra fría” y nuestro peculiar “aislamiento” durante el franquismo –que nos ha contado Joan Garcés en Soberanos e intervenidos (Siglo XXI)–, unidos a nuestra laxa manera de tratar la memoria histórica durante la Transición y ahora mismo, han hecho el resto: que la odisea de los cerca de 3000 españoles alistados en el Corps franc d´Afrique, y especialmente las decisivas peripecias de los que integraron LA NUEVE dentro de la División Leclerc, apenas sobrepasaran su círculo amical o los azarosos relatos ocasionales de algunos viajeros soñolientos en “el Puerta del Sol”, antes de llegar a la estación de Austerlitz.

El tiempo y la frágil memoria tienen ahora mismo menores ocasiones para espabilarse con tal casualidad: el avión y los aeropuertos no facilitan el pausado fluir de los recuerdos de quienes viajan entre París y Madrid o viceversa. Incluso hoy, cuando en los dos últimos años la presencia de nuestros compatriotas en esa Plaza de la Liberación ha sido homenajeada por François Hollande, los nombres de los mismos han sido dichos, y el explícito reconocimiento AUX REPUBLICAINS SPAGNOLES COMPOSANTE PRINCIPAL DE LA COLONNE DRONNE, ya figura –también desde hace dos años– al lado de los doce medallones en bronce que, en homenaje al riesgo corrido por esa columna dentro de la ciudad ocupada, jalonan desde agosto de 2004 los hitos principales de aquella travesía. Ahora, esos casi tres kilómetros que hay desde la Porte d´Italie hasta el propio Hôtel de Ville no podrán ser recorridos ya sin que esa leyenda epigráfica  en mármol acompañe nuestra mirada, para reiterarnos  la orgullosa participación principal de LA NUEVE de Granell en las peripecias de lo ocurrido aquel 24 de agosto de 1944 (Ver: (http://paris.rutascervantes.es/ruta/lanueve/lugar/place-hville). Pero cabe esperar, por ejemplo, que pudiéramos ver al lado de la alcaldesa parisina Mme. Hidalgo y del presidente francés –en el previsible ritual que este año conmemorará la “liberación”–, alguna muestra de que la desmemoria oficial española se liberaba de la frialdad de su particulares espectros. Fueron varios miles, y no unos pocos, los españoles que, en la División Leclerc –y en otras– pelearon durante esa guerra por ideales que presagiaban los de la libertad democrática que hoy decimos compartir desde España con los europeos. ¿Sería mucho pedir que –después de 70 años– las autoridades francesas que presidan el homenaje del próximo 24 de agosto en esa Explanade de la Liberation parisina, estuvieran acompañadas por personalidades españolas de similar rango institucional? El pasado tres de agosto, en Lieja, con motivo del inicio de la ofensiva alemana en 1914, cuando la Gran Guerra,  (http://www.elmundo.es/espana/2014/08/04/53de7017e2704eea228b4581.html), teníamos mucho menos que celebrar.

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