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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

La satisfacción de los profesores, la OCDE y la LOMCE en las antípodas del Green-Style

Manuel Menor currás
28-Junio-2014

El Informe TALIS-2013, publicado el 25 de junio, muestra actitudes y prácticas en los centros, más contradictorias con una enseñanza de calidad que con los mitos de la LOMCE.       

El primer Informe Talis (siglas del inglés Teaching and Lerning International Survey) lo desarrolló la OCDE en 2008-2009. Quería aportar “ideas innovadoras acerca de algunos de los factores que pueden explicar las diferencias de los resultados de aprendizaje reveladas por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA)”, de la propia OCDE. Cada país podría así analizar y desarrollar políticas propicias a que la profesión del educador fuera “más atractiva y más eficaz”. Según la introducción de aquel primer informe, se encuestaba a profesores de la primera etapa de Secundaria, pública y privada, acerca de “aspectos importantes del desarrollo profesional; ideas, actitudes y prácticas de los profesores; la evaluación y el retorno de la información que reciben los profesores; y la dirección escolar en los 23 países participantes” (Ver: http://www.oecd.org/centrodemexico/medios/43058438.pdf). En aquel  informe ya se daban interesantes recomendaciones para desarrollar en positivo políticas que permitieran afrontar los desafíos del presente, tales como la creación de un ambiente positivo en los centros, la cooperación entre profesores, el compartir ideas e iniciativas acerca de la enseñanza. Igualmente, se señalaban algunas carencias a evitar, tales como equipamientos inadecuados, falta de apoyo administrativo, deficiente preparación pedagógica, enrarecimiento del clima escolar y desatención al desarrollo profesional de los profesores, especialmente cuando han de dedicar su atención a crecientes grupos heterogéneos de aprendizaje y han de mostrar mayor riqueza de recursos.

TALIS-2013 examina de nuevo las  percepciones de estos profesores. España ha vuelto a participar en este estudio, con otros  29 países, y el pasado día 25 de junio se dieron a conocer sus resultados principales (Ver: http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/actualidad/2014/06/20140625-talis.html). Del mapa resultante han dado cumplida noticia algunos medios. También los sindicatos, desde sus particulares ópticas de defensa de la escuela pública, han visto aquí un remedo de muchas de las reclamaciones que, de modo especial desde 2011 –con la secuencia de decisiones gubernamentales de Wert–, vienen haciendo al lado de otras organizaciones sociales. Valgan de ejemplo el mensaje de CCOO: “El Informe TALIS revela la incapacidad del Gobierno para atajar los problemas educativos” (Ver: http://www.fe.ccoo.es/ensenanza/Inicio:649738), o el de ANPE: “Los resultados del Informe TALIS ratifican la necesidad de implantar medidas urgentes de apoyo al profesorado y la elaboración de una carrera docente” (Ver: http://www.anpe.es/destacadas/2014/06).

El de la satisfacción y aprecio que los profesores sienten por su trabajo (pregunta 46 de la encuesta) sólo es uno de los muchos aspectos de interés que  tocan los Informes TALIS y los PISA. Es de agradecer  que –como hace José Saturnino en el último número de Escuela, 4029, 26/06/2014, p. 3)– que la OCDE ponga a disposición pública tal amplitud de datos. Bien utilizada, puede contribuir a mejorar decisiones que afectan al sistema educativo y, en particular, sus etapas escolares. Más problemático es tomar como canónicas –y sin participación reflexiva de las comunidades educativas– las recomendaciones que, en los últimos tiempos viene haciendo esta organización. Sobre todo, las relativas a formación inicial y permanente de los docentes, evaluaciones externas y autonomía de centros, tan concordantes con la LOMCE en aspectos cruciales. También como país podemos agradecer a la OCDE que, en los años sesenta, presionara a aquel gobierno con las principales necesidades que tenía nuestro sistema educativo. De aquellos primeros informes suyos saldría la LGE de 1970, que, pese a las grandes limitaciones que conllevaba, no dejaba de ser un incipiente revulsivo en las retrógradas líneas educativas del franquismo. En el nº 2 de Didascalia –revista de asuntos educativos surgida al hilo del Proyecto de esta LGE–, se decía que “el país espera la ley de Educación, la ley que proyecte su futuro. ¿Buscaremos la eficacia o nos quedaremos sólo en palabras?”. La vigilada prensa de aquellos días no era tan acorde con estas apreciaciones.

Desde entonces –y dentro de los planteamientos occidentales para el Mediterráneo en un contexto de “guerra fría”–, la OCDE no ha dejado de acompañar y tutelar la “eficiencia” de las políticas educativas españolas con sus informes. Evidentemente, vinculadas a las económicas, impregnadas de la rígida “libertad de mercado”. Ahora mismo, por tanto, no debieran  leerse estos informes de manera ingenua, como reverentes colonizados. Gérard Collet mostraba en enero de este año una crítica relación entre la crisis económica, los informes PISA y las teorías educativas que ponen en marcha las políticas gubernamentales (Ver: http://blogs.attac.org/commission-enseignement-recherche/article/crise). Permítanme que dude de que no tengan nada que ver entre sí el TALIS, la LOMCE y esa satisfacción/aprecio de los profesores, tan rotundas como en aquel se muestra y se aspira en ésta a cumplir, bajo el auspicio encubridor de la “calidad” y la “excelencia”.

En el mismo número citado de ESCUELA puede leerse un artículo del responsable de esta encuesta, Andrea Schleicher, cuya interpretación del TALIS-2013 parece ampliamente sesgada: si el mero feedback informativo cambiara las cosas –como él apunta–, habríamos logrado hace mucho tiempo las mejores utopías educativas de una escuela de todos para todos. La aparente contradicción entre la alta satisfacción de los docentes con su trabajo –positiva en más de nueve de cada diez profesores, según puede verse en la página 135 de http://www.mecd.gob.es/inee/Ultimos_informes/TALIS-2013.html–, y el aprecio y valoración que hacia el mismo advierten en su entorno –sólo positivo para el 8%, casi uno de cada tres (pg. 137)– la resuelve, de manera demasiado utilitarista y barata, en que “tenemos que hacerlo mejor para valorar a nuestros docentes, porque esta percepción puede tener un efecto negativo en la contratación y retención de candidatos de alta calidad para la docencia”.  El equipo ministerial de Wert siempre ha  manipulado a su propia conveniencia –y en contra del sentir de quienes sufren sus políticas reduccionistas– tanta información de la OCDE. Pero deberían explicar –si tanto suelen coincidir– por qué en el capítulo cuatro de este informe TALIS hay contradicción con lo que las encuestas del CIS indican a propósito de la alta estima social que merece a los ciudadanos la actividad docente en los últimos años. Y, de entrada, que se entienda bien qué incluye esa idea de “satisfacción” con su trabajo que parecen mostrar estos encuestados. Entre otras cosas porque, que si es tan grande, ya debe haber desaparecido aquel “malestar docente”  de que hablaba en 1993 Alfredo Fierro –o, antes de él, en España, J. Manuel Esteve (Ver: http://www.rieoei.org/oeivirt/rie02a09.htm). Y con ello, las tensiones profesionales que, desde 1988, tanto han propiciado el género jeremíaco entre docentes. Muy dudoso es que, con las condiciones en que las cada día más jibarizantes medidas administrativas sitúan el cada vez más complejo trabajo docente,  profesores y maestros tengan tan alto nivel de satisfacción que no lleguen ni al 10% quienes viven a diario situaciones de estrés y otros riesgos psicosociales. ¿Tan autosatisfechos están que apenas afloran aquí cuestiones como el aumento de la ratio de alumnos a atender, la proporción de profesores por clase, el número de horas de trabajo real, las precauciones para su salud, la autoestima, el sentido de su trabajo, las posibilidades de desarrollo profesional independiente, el apoyo moral de sus superiores? ¿Tan a gusto se hallan con  sus condiciones actuales para educar que no se enteran de que han sido despedidos casi 60.000 colegas, y que esto no ha terminado? Y respecto a algo tan condicionante como la formación inicial recibida o en trance de recibir como permanente, ¿tan alta consideración de autoeficiencia tienen como para apenas necesitar instrumentos con que afrontar mejor los problemas que hay en las aulas? ¿Quiere ello sugerir –de añadido– que  casi todos están de acuerdo con lo que ahora propone la LOMCE?

Sobrevuela en este informe, por demás, cierto horizonte de vaguedad en que predomina lo plano y uniforme, además de lo mediocre. Profesor, escuela, sistema educativo, formación y expectativas suenan a algo abstracto y “natural”. De manera similar a cuando decimos Estado, democracia, mercado, república o monarquía, todo muy tecnocrático y capaz de ocultar las desigualdades profundas o –siendo mal pensados– a facilitar que éstas aumenten. Sería muy provechoso dilucidar en qué medida este elevado estado de “satisfacción docente” a que hace referencia el TALIS no es sino “la ilusión laica” de que hablaban Baudelot y Establet en 1971, para referirse a esa “ilusión pedagógica” o creencia en que los problemas de la enseñanza están fuera de todo conflicto político y de que ahí están los profesores y maestros –especialmente en Primaria y la ESO–, ajenos a que les toca “el papel contradictorio de alfabetizador de masas y de seleccionador de élites” (La Escuela capitalista en Francia, Siglo XXI, p.217) y ajenos también a las relaciones asimétricas existentes entre redes escolares o, incluso,  entre “compañeros” de la docencia. Muy populista resulta esta aparente neutralidad de la OCDE.

¡Bienvenidos sean, no obstante, los datos del TALIS! Pero, para saber mejor qué pasa, en adelante sería muy recomendable reformular el cuestionario, la metodología de encuesta y su contraste con informes y observaciones menos autoreferenciales, con el fin de que los recursos empleados para generar este tipo de información –y sus recomendaciones subsiguientes– tengan una utilidad igualmente pública y duradera. No se pierda de vista que el de la educación ya es un gran negocio en fase de rápida transformación y ampliación, muy propicio para los más pícaros. Cervantes ya se admiraba en 1613 de confusiones expresivas interesadas, como “que sacaban el estupendo, por decir estipendio de lo que se garbeaba” (Novelas ejemplares: Rinconete y Cortadillo, Austral, p. 104).

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