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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

El Prestigio de la Formación Profesional y la desigualdad de oportunidades educativas

José Saturnino Martínez García
14-Agosto-2012

Uno de los déficits de la LOGSE fue la poca atención a la formación no académica en la enseñanza obligatoria. El grueso del currículum de la ESO se diseñó con materias que eran sucedáneos de las asignaturas del 2º ciclo de EGB y de los primeros cursos de BUP, pero no de FP I o FP II. Los sucesivos desarrollos de lo que comenzó como “Garantía Social” se diseñaron sin salida a la educación post-obligatoria, cuando hay estudios que prueban que las “vías muertas” del sistema educativo son fuente de desigualdad. El anterior gobierno, introdujo primero, como con mala conciencia los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI), una vuelta de tapadillo a la FP I. Digo con mala conciencia porque en su origen se planteó la situación absurda de que no se dejaban cursar a no ser que se hubiese repetido algún curso, lo que suponía un grave despilfarro de recursos y frustración para el alumnado. La Ley de Economía Sostenible vino a resolver este desaguisado, permitiendo cursar materias más orientadas al Bachillerato o a la FP en el último curso de ESO. Por ello extrañan las declaraciones aparecidas en prensa del Ministro Wert, afirmando que no hay diferenciación en la ESO. Sí que hay, pero sin convertirla en una trayectoria cerrada, en la que un adolescente de 15 años deba elegir su futuro, con muchas dificultades para cambiarlo luego. Un método, además, desaconsejado por la OCDE, pues no mejora el rendimiento educativo y sí aumenta la segregación social, según numerosos estudios.

Más allá de este debate de coyuntura, en las discusiones en torno a la FP la cuestión del prestigio suele estar presente. El prestigio es la valoración social, que podemos medirla comparando entre dos hechos sociales, a ver cuál de los dos obtiene mayor reconocimiento. Por ejemplo, si comparamos a los titulados de FP con personas de menor titulación, como quienes no pasan de la educación obligatoria, observamos que la valoración de los titulados en FP es mayor, bien sea porque su tasa de paro es menor, su salario es mayor o porque en general una persona con cierta especialización profesional obtiene mayor reconocimiento social que otra que no lo tiene. Pero lo cierto es que cuando se piensa en el bajo prestigio de FP no es porque se esté pensando en la comparación con personas con menor nivel educativo, sino porque se está pensando en los universitarios. En este punto, poco podemos hacer para mejorar el prestigio de la FP, pues la valoración social de las titulaciones universitarias tiende a ser mejor que las titulaciones de FP. Mientras la valoración de un médico o una enfermera sea mayor que la de una auxiliar de clínica o la de un ingeniero industrial mayor que la de un tornero, la valoración social de la FP será menor que la de los universitarios. Tampoco es fácil encontrar directivos de grandes empresas que hayan estudiado FP, pues lo habitual es que tengan título universitario. Resumiendo, la FP tiene menos prestigio que la universidad debido a que prepara para profesiones de menor valoración social.

La LOGSE intentó mejorar este prestigio por dos vías. Una fue el “cierre social”: hacer más difícil el estudio de la FP. Para estudiar la FP de Grado Medio era necesario el título de ESO, y para estudiar la de Grado Superior, el Bachillerato. Este cierre social logró mejorar el prestigio de la FP, especialmente la de Grado Superior, a costa de dejar fuera de esta trayectoria a quienes eran los jóvenes que más solían cursarla: los procedentes de familias de trabajadores no cualificados. En última instancia, como se aprecia en la Tabla 1, se mejoró el prestigio de la FP mejorando el prestigio social de las familias de los jóvenes que accedían a ella, aumentando así la desigualdad de oportunidades. En dicha tabla se aprecia cómo la LOGSE frenó la presencia de la clase obrera en la FP (sin que aumentase su participación en Bachillerato), en mayor medida que a la clase alta [si quiere ver esta cuestión más desarrollada pinche aquí].

La otra forma de mejorar el prestigio de la FP fue ampliar las familias profesionales para las que preparaba, con profesiones de mayor prestigio. La FP de la Ley General de Educación estaba mucho más orientada a profesiones manuales, de “cuello azul” (masculinas), pero las nuevas demandas sociales fueron desarrollando una FP de más “cuellos rosas” (femenina) y de “cuellos blancos” (no manual). El prestigio de las profesiones no manuales es mayor que el prestigio de las manuales, debido a que las condiciones de trabajo en las que se ejercen son menos cansadas físicamente y de menor riesgo, y a que en muchas ocasiones prepara para empleos en los que es más difícil medir la productividad. Además, el desarrollo de este tipo de profesiones en la FP de Grado Superior ha hecho que sus graduados puedan estar a la altura de los titulados universitarios en ciertas profesiones. Por ejemplo, si tuviese una empresa orientada a la exportación, probablemente preferiría a graduados en un módulo superior de Comercio Exterior que a Diplomados en Empresariales.

Este post resume las principales ideas de este artículo académico:

http://es.scribd.com/doc/85982518/Formacion-profesional-y-desigualdad-de-oportunidades-educativas-por-clase-social-y-genero

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