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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

¿11M? YO TAMBIÉN RECLAMO MI DERECHO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

José Luis Pazos Jiménez
11-Marzo-2014

Hace diez años. Pero para algunas personas el tiempo no ha pasado, se ha detenido. Siguen diciendo que no se sabe quién lo hizo, que la verdad debería decirse, que los autores intelectuales no se conocen,… Mienten, llevan diez años mintiendo y no se cansan. Y cuando alguien les contradice, argumentan que tienen derecho a la libertad de expresión. Confunden opinión con mentira, y derecho con abuso. Claro que el derecho a la libertad de expresión debe ser defendido. Claro que la línea entre opinión y manipulación es muy fina. Claro que se tiene derecho a decir lo que se piensa, pero no se tiene derecho a mentir, no se tiene derecho a mancillar la memoria de las víctimas, no se tiene derecho a mantener teorías falsas y repetirlas hasta la saciedad. Me repugnan quienes actúan así.

Hace diez años. A muchas personas ese día se nos hizo un nudo en el estómago que aún no se ha desecho del todo. Recuerdo, porque se me quedó grabado, que durante varios meses en Madrid el tráfico de vehículos se volvió silencioso, como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo para no hacer ningún ruido, para no exigir prisas, para no enfrentarnos a nadie ni por lo más trivial e inocente. Aún hoy no ha vuelto a ser, afortunadamente, tan estresante como antes de ese momento. La inmensa mayoría de las personas que vivimos ese día con plena consciencia de lo que estaba pasando, aún sin ser víctimas directas de los atentados, no podemos evitar la tristeza cuando nos recuerdan esa fecha. Algo se rompió en nuestro interior y, como ocurre con la porcelana, se hizo añicos para que no lo podamos recomponer.

Hace diez años. Y reclamo mi derecho a ejercer mi libertad de expresión para gritar que estoy cansado de escuchar a impresentables tratando de negar lo evidente, de seguir intentando manipularnos. No acepto la teoría que mantienen algunos sobre que los autores intelectuales no eran los que la justicia declaró como autores materiales. No acepto que se siga diciendo que fueron nuestros terroristas internos los que lo hicieron y que no fueron otros, los venidos de fuera para ajustar cuentas con nosotros. No, no lo acepto. ¡Estoy harto!

Hace diez años. Muchas personas dicen que los atentados del 11M son la consecuencia de nuestra intervención directa como país en la guerra de Irak, que fueron la venganza de quienes se sintieron atacados por nosotros, que sufrimos porque un expresidente de nuestro país decidió jugar a la guerra como si fuera “uno de los grandes”, y que niega insistentemente la verdad porque no quiere que nadie le acuse de ser el primer y principal causante “ideológico” de esta gran tragedia. Yo, creo a esas personas. Salí a la calle para luchar contra nuestra intervención en dicha guerra. Como millones de españoles, dije ¡No a la guerra! ¡No en mi nombre!, pero no sirvió de nada. Después, casi doscientas personas pagaron con su vida las ansias de grandeza de una, y de los que le apoyaron o no le quitaron la razón. No pasa ni un día que no maldiga a quienes tomaron la decisión de hacer la guerra para controlar unos cuantos pozos de petróleo. Porque de eso se trataba. Cambiamos vidas de personas inocentes por relaciones internacionales de unos cuantos, que consiguieron al apoyar a otros en la captura de un recurso energético que no les correspondía. ¡Maldigo el momento en el que se reunieron! ¡Maldigo a quienes se reunieron! ¡Maldigo la decisión que tomaron!

Hace diez años. El Gobierno de entonces, que sabía que podía perder las elecciones generales, pensó que, acusando a su enemigo de siempre, podría conseguir que los ciudadanos le dieran un apoyo masivo en las urnas, y no lo dudó. Se empleó a fondo. Negó la realidad, las evidencias, los informes, las pruebas. Nada de eso debía valer hasta que las elecciones hubieran pasado. Pero no calculó la jugada. Quedaron muy pronto al descubierto. Los ciudadanos les cogieron en la mentira. Los votos que necesitaban no sólo no llegaron, sino que se marcharon incluso muchos de los que tenían en sus manos. El resultado, ya se conoce. Pero no lo han digerido. Siguen con la misma teoría en sus bocas, como si la historia les debiera unas disculpas. Y no es así. Son ellos los que deben pedir perdón. Primero a las víctimas, después a sus familiares, y por último al resto de personas de bien, que somos la inmensa mayoría de este país. Les reclamo que hablen y pidan disculpas por lo que dijeron e hicieron. Que las pidan por lo que siguen haciendo y diciendo.

Hace diez años. Ha llegado el momento de decirlo muy alto y muy claro. Los ciudadanos exigimos a quienes siguen alimentando la llamada “teoría de la conspiración” que reconozcan que la única conspiración es la que hicieron ellos en los despachos, en los medios de comunicación, en sus escritos, en sus manifestaciones. ¡Ya está bien! ¡Se acabó! Dejen a los muertos que descansen en paz. Respeten su nombre, su buen nombre. No machaquen más a sus familiares. No nos hagan seguir sintiendo vergüenza ajena a los demás. Si no pueden hacerlo, al menos, ¡cállense de una…vez!

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