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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Dña. Esperanza Aguirre, Grande de España, se enreda de nuevo con la Historia

Manuel Menor Currás
24-Febrero-2014

Mientras cristalizan nuevas maneras de oposición a la implantación de la LOMCE y su normativa, Esperanza Aguirre vuelve a su propuesta de “las Humanidades”, cuando era ministra de Educación.

Es evidente que, aunque no esté directamente en el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid, la ahora sólo Presidenta del PP madrileño sigue aprovechando cualquier coyuntura para mostrar su ansia de influjo en la marcha de los asuntos. La ocasión de los desarrollos legislativos que conlleva la LOMCE para su puesta en marcha, ha sido aprovechada para recordar que ya ella y sus maneras han marcado un precedente digno de imitación. Sus pupilos al frente de la Comunidad convocaron a un grupo de expertos para que les ayudara con el currículum de Historia, siguiendo la estela de bondades que dejó tras si esta aguerrida señora cuando su mentor, el Sr. Aznar, la puso al frente del Ministerio de Educación entre 1996 y 1999. Por si alguien no se acordara, ella misma ha traído a colación aquella terca insistencia en las “Humanidades” –con la Historia de España como gran reclamo– que dio apariencia de vida inteligente a su gestión. Pueden leerlo en el ABC de este lunes, 24 de febrero, el periódico que en este momento mejor expresa sus complacencias: http://www.abc.es/espana/20140224/abci-articulo-aguirre-201402241237.html

Incurre en selectivos olvidos: quien haya escrito este artículo de opinión no conoce con mucha precisión qué haya pasado en aquella comisión que preparó la base de aquel “Decreto de las Humanidades” que no lograría pasar la votación parlamentaria. Ni siquiera maneja bien los nombres de los que llama “mejores humanistas españoles”, que participaron en aquello. Merece la pena consignar, eso sí, la continuidad en su fijación con la “Historia de España” y la “Historia Universal”, esa “gran laguna cultural en la que –según dice– viven ya muchas generaciones de españoles”, incapaces de “identificar en el tiempo y en el espacio algunos de los acontecimientos más importantes de la Historia y a sus protagonistas”.  Para la responsable del artículo, se trataba de un asunto de verdadera cruzada, pues se había propuesto “mejorar sustancialmente la enseñanza de la Historia en Primaria y Secundaria”. Y lo debe seguir siendo, ya que ahora con la LOMCE, ve la “posibilidad para introducir un poco de sentido común en los planes de estudio”. En realidad, a quien haya escrito este artículo lo que más le preocupa no es la Historia de España ni los males de la educación de los españoles. Todo es un pretexto, no para lograr acuerdos en este debatido campo, sino para persistir en mantener vivas dos o tres diferencias fundamentales en que no ceder ni un palmo.

A) Acerca de los pedagogos, viene a sostener  que son una especie profesional no sólo inútil, sino peligrosa, pues no sólo no dan clase a niños y adolescentes, sino que confunden el nombre de las cosas. Quien firma el artículo dice de la terminología pedagógica “currículum”, “competencias” y similares, que es un lenguaje que “yo nunca llegué a comprender”, como si fuera un conjunto neolingüistico retorcido como el de muchos políticos. Con lo fácil que era hablar de “programas, planes de estudio, asignaturas”… Y con lo sencillo –cabe añadir– que hubiera sido enterarse un poco y dar ejemplo de respeto a los saberes científicos reconocidos. Y de paso, por ejemplo, mostrar un mínimo reconocimiento a “sus” profesores de Historia: a su parecer, eran ignorantes, pues tuvo que reiterarles “lo que tienen que enseñar y lo que los alumnos tienen que aprender”. Tampoco da señales de saber, todavía, que estos profesores no sólo explican, Historia de España, sino que han de saber de muchas otras cosas, como Geografía e Historia del Arte, además de las “afines” que les puedan caer, tales como Economía, Ética, y hasta Literatura y Latín –que yo mismo he tenido que enseñar…. En casi todo el abanico de las presuntas “Humanidades” que le eran tan queridas a esta señora,  han de ser “competentes”. Tan maltratadas como quedan en la LOMCE, debiera concordar con el Sr. Wert la razón de tan rotundo cambio de interés.

B) Los enemigos de la buena enseñanza que propugna son tres, como en el Catecismo del Padre Astete: los comunistas y socialistas –por sus preocupaciones por “la igualdad de resultados” o “su afán falsamente igualitario” (sic) –, más los nacionalistas, dadas sus “miras exclusivamente localistas, cuando no con el objetivo de adoctrinar a los alumnos…. En sus pretensiones nacionalistas”. Estos tres enemigos vienen a concentrarse –al menos en dos ocasiones del artículo– en torno a la LOGSE, la “nefasta ley” dentro de la que, en aquella VI Legislatura con escaso margen parlamentario, tuvo que moverse la entonces ministra de Educación, pero que ahora no es problema. De allí, al parecer, derivan todavía todos los males educativos de los españoles, sin que –al margen de las carencias de la susodicha ley– haya constancia de la cantidad de obstáculos que ella misma puso a su implantación correcta y de la inseguridad jurídica consiguiente. Según el juicio de quien haya escrito este artículo, la referencia de la buena educación debiera ser la de cuando D. Antonio Domínguez Ortiz enseñaba en el madrileño “Instituto de Enseñanzas Medias Beatriz Galindo, “que entonces era sólo de chicas”, “un detalle que muestra por sí solo, la calidad de la enseñanza pública de entonces” –puntualiza. No menciona la autora o autor de tan añorante acotación, que, por entonces, había en Madrid algo más de cien institutos menos de los que hay desde 1987. Tampoco se acuerda de las políticas llevadas a cabo –por la firmante de este texto– tanto en el MEC como en su querida Comunidad madrileña para reducir sistemáticamente esa “calidad de la enseñanza pública de entonces” en aras de la enseñanza privada, hacia donde externalizó servicios siempre que pudo, con notoria deficiencia para el derecho a una enseñanza de calidad de todos los españoles.

Y C) Agitar la Historia de España en este momento, cuando su partido tiene mayoría absoluta para imponer sus designios –¿no ideológicos? – sobre qué deben enseñar los profesores y qué hayan de aprender los alumnos –independientemente de que los consultados para ello vuelvan a ser de nuevo “algunos profesores del más alto nivel”–, puede ser muy rentable electoralmente pero es muy poco patriótico. Le fue muy útil a Dña. Esperanza –Grande de España– porque la ayudó a ser reconocida: en pocos meses, cosechó una enorme atención mediática con sus “Humanidades” sin gastarse un duro en una inversión educativa seria. En los Institutos públicos, más bien empezamos a ver que esto de la Historia de España y sus connotaciones era una batalla que no tenía que ver con los profesores ni los alumnos, por más que estábamos palpando sus consecuencias. En fin, todo sea por encontrar un enredo con que distraer a la gente de nuevo en una crisis como la actual…, cuando se continúa laborando a conciencia por desinvertir en una enseñanza pública de calidad.

Está en su derecho Dña. Esperanza en recordarse a sí misma como abanderada de la historia. Pero ni siquiera cree en la historia como magistra: de hecho, promueve que se repitan los mismos errores de entonces y que vayamos a tropezar con la misma piedra, al pensar que la Historia de España es “su historia”, y que la buena educación es “su educación”. Sigue al margen de quienes tienen que impartirla y persiste en insultar a quienes pueden enseñar el mejor modo de hacerlo, los pedagogos. Con más humildad y menos grandeur, si fuera capaz de leer un poquito del Juan de Mairena, por ejemplo, y reconociera que –hasta en el PP– hay buenos profesores y pedagogos a los que da vergüenza que suscriba afirmaciones tan rancias, podríamos avanzar algo. Por otro lado, todo amante de la historia –como presume–, ha de aprender a reconocer el contexto de cuanto sucede y no sólo las “fechas y personajes importantes” –asunto en que nadie, salvo mal informados, se atreve a dogmatizar. Desde luego, 2014, en una España de todos, no es 1996: ni siquiera con la mayoría absoluta parlamentaria es lo mismo. Le está fallando a la lideresa la “listeza” que ha mostrado en otras ocasiones. Igual que el acierto con sus más íntimos colaboradores en el gobierno madrileño. Sin contar con que, en política, la enfermedad de Alzheimer es muy peligrosa.

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