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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Con 2014 la “recuperación” y las “mejoras” de la LOMCE se acercan a nuestras vidas: ¿Y si no hubiera “recuperación?

Manuel Menor Currás
30-Diciembre-2013

Termina 2013 y empieza la LOMCE con presagios de “recuperación” y “mejora” para 2014 por parte de Rajoy y Wert. ¿Será ese nuevo paradigma capaz de desmemorizarnos y armar nuestro ánimo para lo que venga?

El gran mantra que viene usando el PP en sus calculadas comunicaciones con los ciudadanos y periodistas, para contentar a descontentos y animar a desconfiados, es que ya estamos en la senda de “la recuperación”: uno de esos tópicos ideales para seguir en babia. Decir las cosas a medias o agarrándolas por donde menos duelan es habilidad vieja de malos tenderos, siempre muy socorrida por políticos más ocupados en mantenerse en “el candelabro” que por la calidad de lo que hacen. Atrincherados en que los males han venido de otra galaxia en la que este Gobierno no tenía arte ni parte, parece que sea ahora el artífice de esta anhelada “recuperación”. La mencionan e invocan con tal unción, como si fuera fruto de sus desvelos, huyendo de cuanta información pueda expresar algo muy distinto. Sucede, sin embargo, que no hay ningún dato estable –ni siquiera macroeconómico– digno de ser tenido en cuenta para jalear tan buena nueva. Los indicios que pudieran alegarse no tienen, además, nada que ver con la gestión expresa del Gobierno de Rajoy, sino con un panorama europeo levemente propicio. Nada de la economía activa, las exportaciones, el nivel del paro o el número de afiliados a la Seguridad Social indica, por desgracia, que se haya cambiado claramente la tendencia al deterioro.  Por ello es improbable que, salvo algún amiguete banquero, directivo de alguna corporación subvencionada o neoprivatizada, se crea la gracieta reiterada de la recuperación, por más que los medios adictos tiendan a hacerse eco animador de la misma.

Los incrédulos son muchos más, aunque aparenten ser creyentes. Es demasiada gente la que inicia 2014 sin libertad para creérselo. Los persistentes seis millones contabilizados de parados. Los menores de 35 años que, aunque hayan cursado estudios de excelencia no encuentran trabajo o intentan tenerlo fuera. Los desahuciados de demasiadas fuentes de calor y bienestar, la vivienda, la educación, la sanidad, la pensión, la asistencia social, la alimentación o el vestido. Y mucha otra gente, apenada y afeada por la lentitud en recuperar la preocupación porque todas esas vidas puedan tener sentido, mientras –en paralelo– observan con dolor cómo rápidamente son recuperados para una gratuita codificación penal trasnochada los preciados espacios de la seguridad ciudadana o de los derechos básicos de las mujeres para disponer de sus vidas.  Y todo ello sin mentar a los desconcertados por la ejemplaridad que nos están demostrando en el fraudulento manejo de infinidad de gastos chapuceros en aprendizajes mágicos de finanzas a cuenta del presupuesto público.

La cuestión principal que plantea, por tanto, esta ideología optimista de la recuperación como lavado de cara –con que implícitamente nos están pidiendo comprensión, perdón por las molestias, las estafas o lo que sea–, es saber qué pasa si no hay recuperación en este 2014 que entra. Deberíamos saber ya algo del plan B de Rajoy para convencernos de que no sólo es un santo varón sino que es capaz de ser muy proactivo en sacar a la ciudadanía del atolladero en que está atorada. Si no viene “la recuperación”, debemos saber qué hará, más allá de seguir callado y no responder a lo que a gran mayoría de la gente le importa. ¿Hemos de seguir esperando a Godot, como Beckett presagiaba en los años 40?

En el plano correspondiente de Educación, ¿a dónde se agarrará Wert si resulta que, en paralelo a su jefe de filas, su LOMCE, presuntamente recuperadora de la “mejor” educación, no le sale exactamente como sueña? ¿Y si viene a emborronar lo conseguido hasta ahora y  aumenta los males que aquejan al sistema educativo, como le han prevenido infinidad de expertos bien acreditados a los que no ha querido oír? Es posible que no le importe mucho. Pero, puesto que estamos en el centro de la legislatura y hoy mismo, día 30 de diciembre, entra en vigor la LOMCE que él se ha empeñado en sacar adelante prácticamente en solitario, pregonando, entre otras muchas cosas, que los alumnos y alumnas son “el centro y la razón de ser de la educación” y que su paso por la escuela debe ir dirigido a formar “personas autónomas, críticas y con pensamiento propio”, tal vez pueda aclararnos –pues no lo ha hecho– en qué medida la presencia de la Religión dentro de los horarios escolares –como “asignatura fundamental”– contribuye a ello. Tal vez debiera explicar, igualmente, cómo es posible que quiera “recuperar” para la escuela una mejor calidad educativa si minusvalora a la escuela pública y a sus profesores: ¿Es que para su particular “mejora” le sobra con unos pocos alumnos selectos mientras los demás se adoctrinen en la ignorancia? ¿Cómo mejorará las preciadas estadísticas de la OCDE o de la UE, sin un mínimo de dignidad para la enorme diversidad de alumnos existente en España? ¿Cómo es posible que en Finlandia, muy mentada por su posición en el famoso ranking de PISA, lo hayan conseguido con un 96% de centros públicos? Y, por otra parte, dentro de España, qué capacidad de mejora puede ofrecer la LOMCE a las Comunidades en que –con la legislación que denosta Wert– han superado con mucho el promedio de los países evaluados por PISA? ¿Puede decir y reiterar sin rubor que la educación española ha empeorado en los últimos años?

No hace muchos años –cuando Pilar del Castillo regentaba Educación en la VIIª Legislatura y defendía su LOCE– alegaban que “el nivel” había bajado: otro mantra para impulsar una ley que acabó en el inmenso museo arqueológico de leyes para la historia. Por esta senda del descenso de la calidad que siempre tiene candidatos vocacionados para “recuperarla” porque sí, pronto nos encontraremos “recuperando” las esencias de los años en que el analfabetismo era normativo para la inmensa mayoría de españoles. ¿Cree el Sr. Wert y sus asesores que va camino de otra cosa una simple ley que no tiene fondos suficientes –como es pauta en las leyes educativas españolas mejor intencionadas– y que, sobre todo, ha tomado como modelo de puesta en escena los modales de su antecesora, la mentada Pilar del Castillo, sin consenso con nadie de los afectados?  Y si resultara que las apuestas que Wert ha empeñado en esta ley que mañana entra en vigor –a contrapelo de cuantos no pertenecen a su solitaria mayoría parlamentaria– van a empeorar la desigualdad educativa entre unos y otros españoles, ¿para qué serviría una fórmula de “mejora” de la enseñanza, que sólo vaya a beneficiar a quiénes no lo necesitan? ¿Para qué les serviría a los demás esa escuela “mejorada”? 

Las presuntas “recuperaciones” de una educación de calidad, para que no se nos quedaran en mera dialéctica de salón debieran empezar por diagnosticar con cierta claridad y sin trampas, qué debemos “recuperar” de lo que tal vez no hayamos perdido. A continuación, sólo “mejoraremos” algo si tenemos la humildad de reconocer que otros pueden saber más y mejor que nosotros qué y cómo hacer. No todo el mundo sabe y no todo vale. ¿Si esta apuesta de Wert y sus amigos sale mal –lo que ojalá no suceda–, a quién se lo reprocharemos? ¿A qué excusa se agarrará este reconocible experto en demoscopia para justificar el desatino y la pérdida de tiempo? ¡Estén atentos a las mejoras de 2014 y a la recuperación! ¡A ver si sólo es lo que anunciaba Godot: “Aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde"!

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