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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Una y otra vez...el cambio de hora

Antonio Ruiz Heredia
24-Marzo-2013

Dejando claro por adelantado mi desacuerdo con esta práctica, admitiré que no cabe duda de que en cierto modo ha sido implantada gracias a un cierto “consenso” entre los gobernantes de los distintos países europeos, que lo han decidido por mayoría pero, ¡cuidado! una cosa es esto y otra muy distinta que un país tenga adelantada una hora sobre otra que lo fue previamente, en época preconstitucional, como sucede en España y sin consenso de ningún tipo por parte de la población afectada.

En 15 de marzo de 1940,  el general Franco impuso unilateralmente el adelanto de una hora sobre el horario solar GMT, para asimilarla a los países centroeuropeos como Alemania, con quien se identificaba política e ideológicamente. Y con ella nos quedamos, pero de manera permanente para los 365 días de cada año. Por ello disfrutamos de distinto horario que Portugal, Francia, Reino Unido y Marruecos, situados todos ellos bajo la influencia del Meridiano de Greenwich.

Cuarenta y un años más tarde, en 1981, la UE  decidió adelantar una hora cada primavera sobre el horario solar, que se retrasaría posteriormente en el otoño. El fin era, según aseguraban, el ahorro de energía eléctrica. Nuestro país también se sumó a la medida, pero sin volver antes a la normalidad horaria, por lo que en la actualidad tenemos dos horas de adelanto con respecto al sol durante el verano y una en el invierno, a diferencia de los países que nos rodean.

La consecuencia puede parecer anecdótica, pero es real: el españolito que ha de levantarse a las seis de la mañana para ir a trabajar lo está haciendo en realidad a las cuatro, habiendo de encender obligatoriamente la luz para asearse, vestirse  y desayunar. “Es para ahorrar energía”, nos venden. Al mismo tiempo, las autoridades se callan sibilinamente la boca cuando saben que el 15 % de los comercios de una ciudad como Madrid y el 100% de las entidades bancarias permanece con las luces encendidas  DURANTE TODA LA NOCHE. ¿Me puede explicar alguien qué ahorro es este?

Lo peor viene, cuando un ciudadano indignado se atreve a manifestar su desacuerdo con el “tradicional” cambio horario. Entonces resulta inmediatamente contestado en la televisión pública por algún Subsecretario que intenta convencernos a todos de las bondades del tejemaneje del reloj, tachando además al rebelde de insolidário, manirroto y derrochador. Me gustaría saber si en todas las oficinas ministeriales se apagan los ordenadores y las luces cuando todos se marchan a su casa o si el Subsecretario de pro se afeita con maquinilla de pilas y desayuna con linterna.

Pero esto no es sin duda, más que otra perversión de aquellas diseñadas para tener controlada a la ciudadanía, una especie de “sonda” para comprobar hasta que punto la gente llega a ser sumisa y acomodaticia y si lo es, pues la supuesta “medida social” se implanta y ya. La política y sobre todo la política “mal entendida”, es decir la que es llevada a cabo por esos “políticos profesionales” que no han trabajado nunca por cuenta propia ni ajena; que no han ejercido la profesión a la que se supone podían optar, en función de su titulación universitaria –en el caso de que la tuvieran, pues ya hemos visto casos de caraduras falsificadores de títulos y curriculums- sino que únicamente lo han hecho de puertas para adentro de su propio partido, a partir de su incorporación a las llamadas “juventudes del…partido que sea”; que no tienen ni la más mínima idea de la realidad social, cultural, ciudadana; que no han viajado nunca en metro ni en cercanías, que no han comido menús de un restaurante de barrio, que no han pisado El Rastro ni paseado por el retiro ni han ido a la compra en su vida y que ven a la ciudadanía como una masa informe a la que hay que gobernar para “bien del país”, sin llegar a darse cuenta de que precisamente “el país” somos aquella masa: los ciudadanos, las gentes sencillas de los pueblos pequeños de los que no se acuerdan nunca y de las ciudades grandes, a donde nos hacinan porque es más rentable por razones electorales y para beneficio de empresarios, banqueros y especuladores.

Felipe González Márquez, durante su famosa campaña electoral de año 1982 se lleno la boca de promesas. Una de ellas, recuerdo perfectamente, tenía que ver con este asunto y aseguro que iba a abolir una “medida tan absurda, inútil, injusta e impopular como aquel adelanto de hora impuesto durante el franquismo”.

Una vez ganadas las elecciones, se olvido completamente de su promesa, así como de tantas otras que hizo, metiéndonos a cambio en la OTAN, o iniciando como pionero una ola de privatizaciones durante las cuales cayó la Caja Postal de Ahorros, Correos, el Banco Hipotecario o CAPMSA, para alegría, enriquecimiento de muchos y ejemplo a seguir por la entusiasmada derecha neoliberal.

Se ve que para algunas cosas hay más prisa que para otras.

Ya es momento, por tanto de reivindicar una vuelta a la normalidad horaria que tanto influye en nuestro sueño, nuestras costumbres, horarios de comidas etc. y que si por otra parte, los países europeos han decidido llevar a cambio un ajuste cada primavera y otoño, insistiendo por cierto en la ineficaz tontería del supuesto “ahorro energético”, pues protestemos igualmente, pero primero librémonos de esa otra hora atrasada, impuesta durante la dictadura, y que existe de manera permanente e inmisericorde desde 1940.

Antonio Ruiz Heredia es maestro y educador ambiental.

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