creandociudadania.org
Martes, 26-Septiembre-2017 - 12:46 h.
LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

El negocio de los sobres

José Luis Pazos Jiménez
30-Enero-2013

Si lo llegan a saber antes, muchas personas igual hubieran montado negocios de fabricación de sobres, aunque fuesen de los que piensan que el papel debe dejar de usarse y los árboles deben ser conservados. Ahora que todos asumimos el envío de correos electrónicos, sms, whatsapp, twit y similares, resulta que una parte de la sociedad, pequeña pero muy influyente, sigue conservando las costumbres de intercambiar sobres, aunque su contenido no parece que sean cartas de amor o amistad precisamente, sino otras cosas más cuantificables.

Los ciudadanos estamos estupefactos. Unos dicen que los sobres existían, otros que harán auditorías externas para demostrar que todo está anotado correctamente. Faltaría más que la contabilidad que se hace pública tuviera anotaciones de posibles delitos. ¿Qué auditoría de la contabilidad A puede tener posibilidades reales de destapar la contabilidad B, si es que existe? Salvo que los que realizaron la contabilidad A sean unos estúpidos, algo cada vez más probable en este país, no existe posibilidad alguna. Lo curioso es que la respuesta sea esa y no la presentación inmediata de querellas contra los que han lanzado la información por parte de los afectados.

Los ciudadanos somos más simples. No queremos que nos cuenten si lo anotaron bien o si tienen un traidor que está “tirando de la manta”. Lo que queremos saber es si existe o no la manta. ¿Es tan difícil que los supuestos defraudadores que, según algunos medios, han cobrado dinero B en sobres, actúen de forma coherente? Parecería lógico que estas personas se presentaran voluntariamente ante un juez y testificaran, jurando decir la verdad y toda la verdad, que nunca recibieron dinero alguno en sobres, o por cualquier otro medio, que fuera de tipo B, es decir, fraudulento. Con dicha actuación, dejarían claro que no tienen nada que ver con ese asunto, y de forma inmediata, continuar con el procedimiento y denunciar a quienes les acusan de hacer lo que no hicieron.

Pero si amenazan sin hacer, niegan sólo ante los medios de comunicación sabiendo que son personas que están especialmente protegidas y que, además, si luego tienen que decir que nunca dijeron lo que sí habían dicho no pasará nada, es decir, si montan un show mediático para hacerse las víctimas sin demostrar que lo son, entonces los ciudadanos tenemos derecho a pensar que nos engañan, que el negocio de los sobres ha sido un buen negocio para algunas personas muy concretas.

No es un asunto menor. Estamos cansados de ver cómo existen ciudadanos que tienen que afrontar penas de cárcel sólo por intentar dar de comer a sus hijos porque esta sociedad les ha expulsado del sistema y ha tirado la llave de su destino al mar. Estamos hartos de ver cómo algunos dicen los que les viene en gana sin demostrar jamás lo que afirman y luego se hacen las víctimas cuando alguien les acusa de un supuesto delito. Asqueados de que estas personas se erijan en adalides de la transparencia y el buen hacer y luego se demuestre que han caído en el fango y el hecho de que el lodo les llegue a la altura de los tobillos sólo se explica cuando nos damos cuenta de que cayeron de cabeza. Es más, estamos absolutamente horrorizados cuando vemos que el supuesto delito se le achaca a las personas que están al frente de nuestro país, de nuestras instituciones, que son las que tienen que dar ejemplo. ¿Qué ejemplo? Por favor, este ejemplo no.

Todos recordamos que a Al Capone no le detuvieron por mafioso, sino por evasión de impuestos. Es curioso, a nuestros dirigentes no les vamos a retirar por ser malos gobernantes, sino que lo harán los medios de comunicación por supuestos corruptos. Ni tan siquiera serán los tribunales, sentenciarán o no, pero siempre llegan tarde y, a veces, nunca.

Lo cierto es que los ciudadanos debemos reconocer que la culpa es nuestra. Es cierto que muchos no somos los responsables directos, pero vivimos en un sistema del que somos parte por acción, por omisión, o por intentarlo pero no conseguirlo. Durante muchos años se ha seguido votando a personas que, cuando menos, tenían sobre sí grandes dudas sobre su ética y decencia. Hemos visto cómo algunas personas han conseguido ganar elecciones con mucho respaldo, incluso acumulando mayorías absolutas, mientras todo apuntaba a que nadaban en aguas nada claras o muy negras. Seguimos teniendo a muchos indeseables cobrando de los impuestos que pagamos entre todos y riéndose de que lo hagamos. Hemos escuchado cómo determinadas personas no eran condenadas porque una grabación no fue bien hecha o un papel no fue presentado en la forma o en el momento adecuado. Es cierto, el Estado tiene que ser garantista. ¿Pero tiene que serlo sólo con el sinvergüenza y no con el resto? De acuerdo, las pruebas pueden no conseguirse legalmente y deben ser anuladas. Los plazos prescriben y eso está regulado, cierto. Pero, ¿el sinvergüenza lo es o no?

Los ciudadanos decentes queremos que los que lo sean estén en las cárceles, no en los paraísos fiscales, no escondidos detrás de grandes bufetes de abogados que no intentan demostrar su inocencia, porque no pueden, sino que intentan buscar el resquicio que pueda existir para que no sean juzgados. No son inocentes, simplemente, no se demostrará jamás que son culpables aquellos que lo son.

El sistema está hecho para eso, para no juzgar, para evitar que se juzgue a quien tiene medios para defenderse, para descartar los pleitos por cuestiones de forma y no entrar, casi nunca, en las cuestiones de fondo. ¿De qué nos sorprendemos? O cambiamos el sistema, o el negocio de los sobres seguirá. Cambiarán las caras de quienes los reciben, también de quienes los den, pero el dinero seguirá circulando y los de siempre seguirán riendo. Y yo, estoy harto de tanta risa, no tiene ni puñetera gracia.

[ Volver atrás ]
Ven a la Escuela Públicawww.quehacemos.org
noticias opiniones encuestas informes polémicas normativas agenda videos imágenes humor contacto mapaweb
creandociudadania.org  ®  2012