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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

La verdadera intención de tener diputados sin sueldo

Luis Jiménez
20-Enero-2013

Aprovechando el actual ataque furibundo que cosechan los políticos por parte de los ciudadanos, contra los que se piden muchas actuaciones y muy diversas, los enemigos de cualquier proceso democrático aguzan su ingenio y utilizan el poder que tienen para debilitar el estado de derecho.

Cuando un gobernante, cuyo gobierno se ha obtenido por cauces democráticos, toma decisiones contra la propia Democracia, las voces deben alzarse y luchar para que no se salga con la suya. No sólo deben denunciarse las prácticas totalitarias cuando se vive bajo una dictadura, pues si la Democracia es sólo ficticia, existen pocas diferencias entre lo uno y lo otro.

¿Qué intención real está detrás de una decisión que deja a los diputados sin sueldos? ¿O sobre la que los reduce en un número muy sustancial? Muchos ciudadanos creerán que la razón es económica, al fin y al cabo muchas voces lo han reclamado en este interminable periodo de crisis y han dado argumentos económicos para ello. Quizás, estos lo han hecho pensando en sus debilitadas economías y pensando que así se reparten los esfuerzos. O creyendo que muchos sobran, o que deben hacerlo de forma voluntaria para ser “puros”.

Nada más lejano de la realidad. La única razón que está detrás de eliminar sueldos o a los propios diputados, es debilitar la Democracia. Si son menos, o tienen menos tiempo para hacer su labor, o menos recursos a su disposición, o todo ello, lo único que se consigue es que el gobierno de turno tenga las manos más libres para hacer y deshacer a su antojo. La oposición, sea cual sea ésta, no podrá ejercer bien su labor y el control que debe realizar será inexistente en la práctica. Seguirá estando sobre el papel, pero jamás en la práctica diaria. Eso lo saben bien quienes, ejerciendo la política, lo piden, alientan o aprovechan.

Sin duda, existirán personas que pensarán que no debe hacerse porque aumentarán las posibilidades de que se pasen al bando de los corruptos aquellos que puedan tener alguna parcela de poder y no tengan remuneración pública por hacer su labor. Estarán en lo cierto, será la consecuencia lógica de la falta de control público. Pero lo peor, siendo inadmisible, no es lo que conseguirán los corruptos, sino lo que obtendrán quienes les corrompen.

Eliminar sueldos de los diputados o eliminar directamente a estos, son dos patas del mismo banco. El control desaparece, la impunidad aumenta, la Democracia desaparece. Y si algunos partidos políticos, o parte de estos, aceptan hablar y acordar las eliminaciones en uno o en otro sentido, o forman parte de los que quieren eliminar la Democracia, o de los que no se atreven a defenderla. Una defensa que les parece difícil de hacer en un contexto en el que los medios dan espacio a los ciudadanos que piden ir por ese camino, medios que, en muchas ocasiones, están al servicio de los que juegan de forma decidida en el camino del debilitamiento del sistema.

No, la senda adecuada no es rebajar el número de diputados o dejarles sin sueldo, sino al contrario. Se necesita reforzar el papel de los partidos políticos y de las personas que los componen. El objetivo está en sacar de la política a todos aquellos que no han llegado a la misma para servir a los ciudadanos, o dejaron de hacerlo en algún momento, y regenerar la política. El debate pendiente es cómo hacerlo. 

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