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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Los derechos constitucionales en manos de los buitres.

José Luis Pazos Jiménez
13-Enero-2013

Estamos equivocados. Los buitres, que no son otros que los poderes económicos, no atacan el denominado estado del bienestar porque sea caro, ni porque éste les impida enriquecerse. En realidad, han ganado mucho dinero con su existencia y, en este momento, dominan buena parte del mismo para su regocijo constante y beneficio diario. Y ellos saben que no es caro para las arcas públicas, ya que nuestro país invierte mucho menos dinero público en el estado del bienestar que el resto de los países desarrollados de nuestro entorno y consigue unos resultados muy buenos, tanto de forma proporcional a dicha inversión como de forma absoluta en cuanto al nivel de calidad y eficacia de los derechos que con el mismo se garantizan.

La realidad es que los buitres pueden convivir con el estado del bienestar sin que ello les genere ningún problema económico, que a la postre es lo que les interesa en primer lugar, sino que lo encuentran compatible siempre que las normas las pongan ellos y no los ciudadanos, es decir, siempre que la regulación se haga por los círculos de poder y no por los cauces democráticos. Están dispuestos a gastar más en ello, siempre que el dinero pase por sus manos y ellos digan cómo. Lo que les molesta y no están dispuestos a consentir es la supremacía de la política sobre su poder, y harán lo que sea necesario para ganar el pulso que siempre libran y que, en este momento, está en uno de sus puntos álgidos.

Cuando alguien cuestiona el estado de bienestar, en el fondo está cuestionando los derechos constitucionales que éste garantiza o debe garantizar. Son estos derechos los que están en peligro y los que deben defenderse. La decisión a tomar por los ciudadanos es decantarse por los dos caminos de una disyuntiva fácil de exponer: o somos ciudadanos o somos clientes. Si somos ciudadanos tenemos derechos y la posibilidad de decidir cómo desarrollarlos y gestionarlos, es decir, tenemos la posibilidad de hacer política con mayúsculas, que no es otra cosa que intervenir como pueblo en las cosas que nos son propias. Si somos clientes, entonces sólo tenemos derecho a optar entre las diferentes ofertas existentes en función de lo que tenga dentro nuestra cuenta bancaria.

Hasta hace poco, muchos ciudadanos pensaban que su situación social y económica les garantizaba poder ser buenos clientes y decidir con el dinero en la mano, habían asumido la teoría capitalista de “tanto tienes, tanto vales”, y desde esa óptica eran indiferentes a lo que sucediera a su alrededor. Que existían personas sin derechos: aplicaban eso de “se lo habrán buscado”, “no merecerán otra cosa”, “que trabajen como yo”,… Que determinados sectores se lucraban, incluso con ostentación de ello: no importaba, su cuenta bancaria les protegía y, además, incluso podían aprovecharse de muchas “trampas legales” para beneficio propio. Eso sí, dejando de lado las preguntas incómodas del subconsciente y arreglándolo todo con un “por qué yo no voy hacer lo mismo”, que les colocaba en un papel de víctima del sistema que hace lo que puede para no formar parte de “los tontos”. Aún quedan muchas personas en ese escenario, quizás legal en muchos casos, pero carente de ética en parte o en su totalidad. Lo que es seguro es que no levantaron la voz, eran parte del problema y no de la solución. No se iban a movilizar contra los buitres, eran parte de ellos, aunque sólo del grupo de los perdedores, de los que se conforman con las migajas que desprecian los propietarios de la especie.

Pero ahora, muchos de ellos han despertado de golpe. Su cuenta bancaria se ha evaporado. Su posibilidad de trampear se esfumó. Es más, su presente es demoledor y su futuro, al menos el deseable o el soñado, no existe ni existirá. Ahora, de repente, forman parte de aquellos que dejaban a un lado pensando que eran “los tontos”, los que protestaban porque eran perdedores en una sociedad que les daba “lo que merecían”. Ahora, forman parte de los que levantan la voz y se quejan de haber perdido su estatus. Esos que eran “los otros” les habían dicho que sus derechos estaban en peligro, que su presente podía cambiar y que su futuro podía desaparecer. Pero no hicieron caso, a ellos no les tocaría nunca. Hasta que les ha tocado y ahora entienden el alcance de lo que se les contaba porque lo están viviendo. No es algo que les pase a los demás, les ocurre a ellos. Sí, piensan que es injusto y que no han hecho nada “para merecerlo”, pero es que los demás tampoco lo hicieron nunca, eso es lo que no comprendieron jamás hasta que la realidad les ha abofeteado con brutalidad.

Los buitres van ganando, eso no se puede negar. Y quizás pueden ganar definitivamente si los ciudadanos siguen pensando que lo que tienen se lo merecen porque algo habrán hecho mal. Si piensan que nada puede hacerse contra los poderes económicos. Si asumen, cuales ignorantes estúpidos, que los derechos deben depender de la situación económica y que sólo debemos tener aquellos que podamos pagar. Si renuncian a la redistribución de la riqueza y a que paguen más los que más tienen, rectifico, a que cada uno paguemos de forma justa con lo que tenemos, que aportemos a la sociedad en la misma medida en la que ésta nos da lo que tenemos. Y la riqueza personal no sale de otro sitio que de la sociedad, unas veces con justicia, en demasiadas ocasiones sin ella.

La solución está en la política y en la Democracia. No puede estar en otro sitio. Si los políticos que están al frente no nos gustan, cambiémoslos. Si la Democracia es imperfecta o incompleta, que lo es, mejorémosla. Es la hora de los ciudadanos. Es el momento de la política de los ciudadanos, de que el pueblo intervenga en las cosas que le son propias y que ponga a los poderes económicos donde deben estar, al servicio de los ciudadanos. Para ello, además de fortalecer el compromiso democrático, indispensable en cualquier contexto pero más en el actual, es imprescindible actuar, dejar de llorar por las esquinas y ponerse manos a la obra. Es inaplazable desterrar a los corruptos, a los que viven a costa de los demás sin aportar nada útil al bien común. Es la hora de defender los derechos constitucionales y de demostrar a los buitres que su poder económico depende de nuestra generosidad, de que podrán mantenerlo mientras que los ciudadanos queramos, mientras que su riqueza sea útil a nuestra sociedad, mientras que no debamos quitársela para beneficio de todos. Es hora de decidir: ciudadano o cliente; derechos o mercado; Democracia o dictadura; libertad o buitres. Tú debes decidir ahora, yo lo hice hace mucho tiempo.

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