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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Lápiz o teclado

Antonio Ruiz Heredia
10-Noviembre-2012

Cualquier educador con imaginación y conocimientos a nivel de usuario puede diseñar y ejecutar sin problema, tanto presentaciones de diapositivas como carteles didácticos en su ordenador. Probablemente bastantes escolares también y casi con seguridad mejor que alguno de sus profesores.

El cartel, por ser muy visual ejerce de placebo en aquellos escolares con cierta dependencia de la informática, con el único inconveniente de que podría resultar muy poco interactivo en función de cómo se diseñe y por quién, de modo que muy bien podría ser sustituido o complementado mediante la confección en equipo de un gran panel mural en papel continuo, a la manera tradicional.

El hecho de que los escolares trabajen juntos en un proyecto así, favorece la socialización, el contraste, intercambio de opiniones y refuerza el trabajo de grupo, ya que los niños pueden participar en las propuestas de diseño, organización y plasmado de los distintos elementos que lo componen. Además mueven las piernas y los brazos.

Al tiempo que buscan, seleccionan, recortan y pegan, ejercitando las manos y el cerebro,  complementan con el dibujo y la escritura a mano de los textos, algo realmente fundamental y necesario para adquirir y asentar el mecanismo y el progreso de la lectoescritura y así disponer del instrumento para el desenvolvimiento y la funcionalidad de ambos y alcanzar la capacidad de comprensión imprescindible para su desarrollo. El teclado no debe de ninguna de las maneras sustituir de manera exclusiva la “creación” a mano de símbolos que nos ayuden a transmitir nuestro pensamiento.

Precisamente en estos tiempos de grandes cambios, en los que la preponderancia tecnológica quiere arrinconar todo aquello que no tenga que ver con la informática, sea más que nunca imprescindible y necesario el uso de lo manual, lo artesano y lo artístico. Cada técnica ha de tener su momento, su utilidad y su didáctica y contribuir al desarrollo y evolución del ser humano, sin exclusividades.

No olvidemos, y me gusta repetirlo bastante, que es nuestra obligación utilizar los recursos: todos los recursos posibles durante el proceso educativo de nuestros escolares, sin exclusividad, lo contrario seria auto limitarnos y eso constituye un desperdicio y casi una fechoría antieducativa.

Las antiguas “manualidades” de los pasados planes educativos –conocidas ahora por pomposos y un tanto eufemicos nombres- lo que eran el dibujo artístico, dibujo lineal,  la confección de “collage” (el famoso “recorta y pega”), manejo de plastilina, tijeras, rotuladores y pinturas de colores, cartulinas y papeles de diversas texturas, la costura, la papiroflexia, son actividades enormemente denostadas por muchos padres y profesores, que no maestros, cuyo ejercicio definen como “una gran perdida de tiempo”. Nada más lejos de la realidad.

Ese Homo –“autodenominado sapiens”- como gustaba decir Félix Rodríguez de la Fuente, debe en gran medida su progreso intelectual a sus manos. El profesor José Antonio Valverde citaba  la “pinza de precisión” -que es la mano- en su interesante teoría sobre la evolución humana, considerando que su uso influyó de manera trascendental en el desarrollo del ser humano como tal.

El manejo cuidadoso de los dedos para la manipulación de objetos pequeños, favoreció la observación y la concentración que derivó en destreza, tanto a la hora de reproducir imágenes de animales y escenas de caza en las paredes de las cuevas,  tejido de pieles y confección de vestimentas, tallado de útiles y esculpido de idolillos primitivos, como a la hora de su alimentación, seleccionando frutos y semillas. Todo esto lo explica muy bien el paleontólogo Juan Luís Arsuaga en sus conferencias.

La escritura, que vino después, no es sino un dibujo más. Aquellos que no adquieren suficiente destreza a la hora de dibujar, generalmente terminan escribiendo mal, de manera ininteligible y en ocasiones son incapaces de entender o interpretar su propia letra; por eso no podemos, mejor dicho: no debemos obviar el uso racional y práctico de las manos en la escuela, pero no solamente de la punta de uno o dos dedos, sino de todo su conjunto, tanto a la hora de escribir como a la de dibujar, recortar, teclear, plegar, manipular en definitiva.

Pero no estoy en contra del teclado. Durante mi etapa de maestro, así como también antes y posteriormente, defendí en claustros, foros, reuniones y conversaciones profesionales y privadas, también en las escuelas por las que pasé, la necesidad de incluir en el currículo y si ello no era posible, al menos como actividad extraescolar, el uso de la máquina de escribir entre los niños. Siempre le otorgué una gran importancia a la habilidad de su manejo pues resultaba ser un interesante complemento en su formación, sobre todo de cara a estudios superiores, por eso con el advenimiento de las máquinas eléctricas que ya incluían una pequeña memoria para al menos uno o dos renglones, aquello me resulto mucho más interesante, al tiempo que su prolongada ausencia en la escuela me parecía un gran desperdicio.

Pero en contra estaban las academias que enseñaban dactilografía y que competían por su monopolio educativo. Así que cuando comenzaron a proliferar los ordenadores y bajaron los precios, (y dentro de “ordenadores” incluyo portátiles, teléfonos móviles, tabletas, libros electrónicos, etc.) se abrió un gran abanico de posibilidades en la enseñanza. Pero surgieron simultáneamente –como no podía ser de otra manera– enormes problemas derivados de su mala planificación, gestión,  asimilación, deficiente uso y falta de control por parte de padres, profesores y por ende, niños, que puede desembocar –si no ponemos remedio para ello– en aislamiento y soledad, retraimiento, sedentarismo, falta de comunicación… es decir: pura y dura involución que puede facilitar el nacimiento de una generación de autistas funcionales sin contacto con la realidad.

Lo que también comienza a asustarme un poco y de manera personal, es la proliferación y por tanto el uso desmesurado que se está dando de la pantalla táctil, ya que en aras de la comodidad podemos acabar en un futuro convirtiéndonos en meros ungulados.

Pero bromas aparte, evitar y controlar lo negativo es nuestra responsabilidad, no debemos ser derrotistas pero sí conscientes de que cualquier recurso que empleemos en enseñanza tiene sus pros y sus contras y ahí es donde, de manera interdisciplinar –padres, maestros, técnicos, alumnos– hemos de trabajar, todos juntos, para conseguir que los contras sean superados por  los pros.

Antonio Ruiz Heredia es maestro y educador ambiental

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