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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

El 1 de octubre ya pasó ¿y ahora qué?

José Luis Pazos Jiménez
3-Octubre-2017

Una vez vivido el 1 de octubre, más allá de los reproches por todo lo que se hizo o se dejó de hacer antes de esa fecha y durante ese día, ahora toca construir el futuro, pero no se atisba cómo porque los actores llamados a tomar decisiones siguen anclados en el cruce de acusaciones y en la reclamación de la victoria.

Pero para construir el futuro, sea cual sea posible construir, debe hacerse un análisis acertado de dónde estamos ahora porque de lo contrario será imposible acertar. Es decir, tenemos que empezar por donde nunca se empieza en este país, por realizar un diagnóstico ajustado del presente. Reconozco que no es fácil, pero no imposible y, desde luego, no se puede eludir acometer esa tarea. Intentaré hacerlo evitando valoraciones personales en lo máximo posible.

Cómo estamos situados unos y otros

Con todo el margen de error que tiene intentar hacer una aproximación a la realidad con ausencia de datos fiables.

En Cataluña. Según lo sucedido el 1 de octubre y en convocatoria anteriores, un porcentaje estimado del 40% de la población apoya en este momento la declaración unilateral de independencia. Da ya por realizado el referéndum una parte muy mayoritaria de este grupo. Un porcentaje más difícil de precisar, quiere que se realice un referéndum pactado porque no le dan validez a lo sucedido el domingo pasado, a los que se sumaría esa parte que apoya la declaración unilateral pero que prefiere que sea una independencia pactada porque sabe de la diferencia sustancial de uno y otro escenario. Otro grupo, sin que podamos saber en qué porcentaje, no participó el 1 de octubre por considerar que no debería haberse convocado así, pero si lo haría en un proceso pactado, con independencia de lo que votara cada persona ese día. Y el último grupo, seguramente el más minoritario, no acepta que exista el referéndum ni pactado ni sin pactar.

En el conjunto de España. No existen datos para avalar cómo se distribuye la ciudadanía porque no ha sido consultada nunca sobre este tema, ni de forma pactada ni de manera unilateral. En todo caso, existe un grupo bastante más numeroso de lo que parece que rechaza cualquier tipo de referéndum que pueda llevar a la independencia de una parte del país, pero seguramente no es el grupo más grande en términos cuantitativos, aunque sí más visible por su repercusión mediática. Otro grupo, bastante importante también, se muestra indiferente a la posibilidad de que exista el referéndum, incluso aunque ello supusiera la independencia de una parte, entre otras cosas porque bastante tiene con sus problemas diarios como para darle vueltas a un tema que piensa que no le afectará directamente, lo que está por ver, aunque puede que finalmente fuese así en su percepción real. Y también existe otro grupo que defiende decididamente el derecho de cualquier parte a independizarse en cualquier momento si así lo desea, que posiblemente sea el menos numeroso pero no por ello debe dejarse a un lado en modo alguno.

La solución debería pasar obviamente por llegar a un acuerdo que satisfaga a todos los grupos, pero ello es imposible, conviene reconocerlo directamente sin enmascararlo.

También debemos darnos cuenta que incluso aquellos que defienden sin ambages la independencia para sí, no la aceptarían de otros respecto de lo que ellos consideran que son. Es decir, por ejemplo en el caso de Cataluña, se reclama la independencia de dicho territorio pero una parte de quienes así se manifiestan niegan la posibilidad de que una parte de la misma pudiera separarse del resto. Por otro lado, muchos de quienes rechazan cualquier proceso de independencia de una parte de España para mantener un Estado fuerte y unido, defienden la idea de que éste quede supeditado a las decisiones individuales y que pierda todo el peso posible para que lo público desaparezca en favor de lo privado, dejando de ser ciudadanos independientes dentro de un Estado potente para pasar a ser esclavos de multinacionales que de la Democracia ni saben ni quieren saber.

Es decir, que entre hipocresías y defensa de lo mío es lo importante y tú debes someterte a lo que yo quiero, estamos apañados.

Lo que no se puede plantear

A estas alturas es imposible plantear dos escenarios. Uno de ellos es pensar que el Gobierno de Cataluña dará marcha atrás y olvidará la idea de la independencia, sea unilateral o no. Otro es pensar que el Estado puede permitir sin más una independencia unilateral. Así que para llegar a un punto de posible acuerdo, ambas partes deben asumir que no se podrá mantener cualquiera de los dos extremos como punto innegociable.

Por otro lado, tanto para la mayoría de la ciudadanía catalana como para la mayoría de la del conjunto de España, no tendría sentido que para evitar decisiones unilaterales, a quienes las toman se les ofrecieran para evitarlas contrapartidas tan beneficiosas que supusieran un agravio para el resto, porque ello les llevaría a levantarse para conseguir lo mismo o más, salvo que lo aceptaran expresamente de forma previa. Como tampoco tendía sentido que quienes se han movilizado para evitar esas decisiones, recibieran como premio conseguir que el resto quede impedido de actuar para seguir demandando sus reivindicaciones.

Por otra parte, no se puede intentar evitar la independencia de Cataluña ofreciéndoles sin más elevar su autogobierno desde la idea de que no lo tienen ya, porque dicho territorio tiene un nivel de autogobierno que otros territorios del Estado no tienen. Si se hiciera, la brecha entre unas Comunidades Autónomas y otras se agrandaría, por lo que aumentar el autogobierno de Cataluña no se puede hacer sin considerar que se debería aumentar el de todos los territorios, o de lo contrario no solo no arreglaremos el problema actual sino que generaremos otros nuevos o relanzaremos algunos que ahora no están calientes.

Tampoco puede pensarse que la unión de los territorios se puede dar por la imposición de unos sobre otros. En siglos pasados era así, pero ahora no digo que no se pueda hacer, pero sí que no se debe y que no sería aceptable. En las relaciones humanas, cuando existe una separación, ésta debe ser amistosa para que sea aceptable por ambas partes.

Por dónde caminar entonces

En mi opinión, el acuerdo pasaría por establecer que se deben dar dos referéndum.

Por un lado, debe realizarse un referéndum en toda España, para saber si se quiere mantener el contenido actual de la Constitución Española en cuanto a la posibilidad de que una parte pueda proponer y conseguir por cauces democráticos la separación pactada del resto. Ese paso debe ser necesariamente rápido, y previo a la celebración de un segundo referéndum pactado, que se podría producir en cualquier territorio, incluida Cataluña.

En dicho primer referéndum se debería también preguntar sobre si se apuesta por mantener el sistema de Comunidades Autónomas dentro de un único Estado, con los cambios que fueran necesarios, o si se quiere ir a otras fórmulas, como una federación de estados, o una confederación de estos, ya que existen diferencias sustanciales entre cada uno de esos tres escenarios.

En todo caso, cualquier cambio debería ser sometido a consulta de toda la sociedad porque un acuerdo de despachos entre el Gobierno de España y el de Cataluña que no fuera sometido a respaldo de toda la ciudadanía, no habría sido refrendado por todos y no habríamos solucionado nada.

Es decir, política, política, política y consulta a la ciudadanía, a toda la ciudadanía. Y de forma urgente todo ello.

Lo que ya no vale es dejar todo como ha permanecido hasta ahora. Ese escenario ha estallado por los aires y los trozos son tan pequeños que volverlos a pegar como si no hubiera pasado nada es, sencillamente, imposible.

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