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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Los padres y madres de alumnos en huelga

José Luis Pazos Jiménez
27-Octubre-2012

Nunca se había dado en nuestro país una huelga de padres y madres como la convocada por CEAPA para el día 18 de este mes. Nunca antes en periodo democrático se estaba frente a una situación como la actual. Familias que mandan a sus hijos e hijas a las escuelas con hambre porque no tienen dinero para comprar la comida suficiente, mientras nuestros responsables políticos les quitan las ayudas de comedor. Otras que no pueden comprarles los libros y ven como desaparecen las becas que existían para ello. Miles de profesores despedidos que no llegan a las aulas, con materias que no acaban de empezar nunca. Cuotas que se incrementan hasta límites tan altos que expulsan a las familias de las Escuelas Infantiles públicas. Tasas que se elevan hasta niveles que impiden a las familias poder dar a sus hijos e hijas la educación superior que merecen y quieren tener, para que la Universidad la sigan viendo como algo que nos les espera. O aparecen los pagos donde no existían para que tampoco puedan acceder a los Ciclos Formativos de Grado Superior. Cualquier cosa vale para dejarles claro a las familias que si no ponen dinero de su bolsillo, además del que usan para pagar sus impuestos, no tendrán una educación de calidad, es decir, se quedarán sin poder optar a la Educación Pública, que es la mejor opción y por eso sufre un brutal ataque que intenta desmantelarla.

El Ministro de Educación, un error temporal de la educación española que debemos superar cuanto antes, demostró que la convocatoria le pilló de sorpresa y con el pie cambiado. En su prepotencia, nunca pensó que los padres y madres le hicieran una huelga. Tenía asumido que podía recibir huelgas convocadas por el profesorado, e incluso por los estudiantes, pero no manejó nunca la posibilidad de que fueran los padres y madres los que la hicieran. Jamás especuló con que la sociedad en su conjunto le diera una muestra de reivindicación ciudadana tan clara y contundente. Si le quedara un ápice de dignidad, dimitiría. Pero para que te quede algo, has debido tenerlo en algún momento. ¿No la tuvo nunca, la perdió, o se la reserva para mostrarla en mejor ocasión? Que cada cual elija la opción que le parezca más adecuada.

La lógica dice que cuando un Ministro pone en marcha reformas de tan profundo calado y la sociedad le responde con un rechazo general a las mismas, el Presidente del Gobierno tarde o temprano lo acaba cesando. De momento, simplemente habrá recibido un mandato de cerrar la boca y no seguir actuando como un pirómano al frente de un incendio. Le toca aguantar para que el Gobierno pueda aprobar la reforma antes de cesarle y no quemar demasiadas naves en el objetivo.

La cuestión es ¿se aprobará la reforma o no? La forma de actuar del Gobierno actual es aplicar la apisonadora aunque todo demuestre que nos dirige hacia el suicidio social. Así se comporta con el desempleo, insistiendo en una senda de medidas laborales que han provocado más y más despidos donde parecía impensable que se pudieran dar ya. O con la ayuda a la banca, un pozo sin fondo que se traga todo lo que se le echa y cada vez el agujero es más grande y su apetito más voraz. Es de suponer que con la educación ocurrirá lo mismo. Parece que de nada servirá el rechazo de toda la sociedad a la manera de poner en marcha la reforma, sin diálogo alguno y con nulo consenso. Incluso las organizaciones que pudieran estar cerca ideológicamente han puesto el grito en el cielo por el desprecio recibido por parte de los responsables ministeriales, que han dado la misma respuesta a todas las partes: no nos importa lo que tengan que decirnos. Eso sí, se trata de hacer ver que el dictamen que tiene que emitir el Consejo Escolar del Estado permite un proceso de diálogo y consenso en torno al borrador de anteproyecto. Nada más lejos de la realidad, dicho proceso sólo sirve para intentar lavar la cara a una forma de hacer las cosas que pertenece al pasado, cuando este país aspiraba a una Democracia que no tenía.

¿Dónde están las palabras del Presidente del Gobierno trasladadas en su sesión de investidura cuando dijo que la sociedad estaba cansada de que la educación estuviera obligada a sufrir con cada cambio de Gobierno? Qué pronto se ha pasado de aquella expresión de sensatez a devolver la educación al campo del sufrimiento. También el Ministro se expresó cuando le nombraron en el sentido de que la ley de educación no se cambiaría, simplemente se harían cambios en la legislación para mejorar sus resultados. Ahora, pocos meses después, estamos cerca de aprobar una nueva ley que cambia de forma profunda muchos de los extremos de la actual para modificar el modelo de forma sustancial, orientándolo hacia la segregación, la pérdida de la equidad y la ausencia de la igualdad de oportunidades, justo lo contrario de lo que distingue el enfoque de la hasta ahora vigente.

Toca luchar en un terreno donde deberíamos dialogar y consensuar. Y sufrir de nuevo pensando, no sólo en los nefastos efectos de la norma actual, sino en el escenario futuro al que nos dirigimos de forma inexorable y que no es otro que enfrentarnos a la siguiente reforma cuando cambiemos de Gobierno y el actual deje de estar al frente de este país. ¿No sería más lógico y decente con los ciudadanos, especialmente con los más jóvenes que están en las aulas, que nos sentáramos todos a ponernos de acuerdo en una reforma duradera?

El otro día, en un mensaje que se difundía por Twitter, se podía leer que un programa como “Saber y Ganar” lleva emitiéndose desde el año 1997 sufriendo sólo ligeros cambios que han ido manteniendo la filosofía de fondo del programa, haciendo que perviviera sin dificultades. Claro que un programa de televisión es más fácil de gestionar que un sistema educativo, pero mientras que el primero se gestiona por personas que saben que modificarlo demasiado sería convertirlo en otro programa diferente y se correría el riesgo de cosechar un fracaso y que la audiencia lo abandone, en la educación se ha partido de la base de que se pueden hacer cambios drásticos, improvisados, y sin realizar análisis de los posibles resultados que se puedan obtener. Es más, en determinadas ocasiones, como ocurre ahora, las personas que se ponen al frente de la educación afirman, sin sonrojo, conocer la varita mágica para arreglar en solitario todos los males. ¿Ignorancia o prepotencia? Seguramente, ambas cosas. Existe un dicho: “No hay nada más peligroso que un ignorante atrevido”.

Así las cosas, ¿puede extrañar una huelga de los padres y madres ante semejante escenario? Sí por lo novedoso, pero en los últimos tiempos asistimos a muchos movimientos sociales que se están expresando como nunca lo habían hecho antes. Cada vez está más cerca la insumisión y la desobediencia civil, ya que cada día es más habitual que nos encontremos ante normas injustas que no deberían aprobarse en modo alguno. Y, como al parecer dijo Lichtenberg, científico y escritor alemán:"Cuando los gobernantes pierden la vergüenza, los gobernados pierden el respeto". Es decir, si nos imponen leyes injustas a los ciudadanos, debemos hacer todo lo necesario para que dejen de existir, aunque para ello haya que asumir sacrificios personales y colectivos. El derecho a la educación no es algo opcional sin lo que se pueda vivir, es la base misma de la vida democrática. No se puede permanecer impasible ante quienes quieren eliminarlo.

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