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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Una multimillonaria en la Educación americana: ¿Para “dialogar”?

Manuel Menor Currás
24-Noviembre-2016

Ya tenemos la musa que inspirará argumentos que jibaricen una perspectiva seria de educación de todos y para todos. Pronto limitará aquí el levísimo “diálogo” de que se habla.

Afortunadamente, no estaremos en nuestro propio funeral salvo, tal vez, de cuerpo presente; la naturaleza es sabia en este sentido. Basta ver el lío que se ha armado con la muerte repentina de la exalcaldesa valenciana, con unos y otros echando balones fuera, o dentro según se mire. Al parecer de muchos opinantes, tiene gran mérito lo que hizo con la ciudad de Valencia. Hay quien dice, incluso, que, antes de ella, era un ciudad cochambrosa. Sinceramente no. Esas aseveraciones se parecen a las de quienes han aprovechado la situación irreversible de esta muerte, para mostrar algo más que oposición política. Ni venía al caso en ese momento crucial todo lo relacionado con la operación Taula y las dudosas responsabilidades que hubiera podido tener en el blanqueo de dinero, ni las de otras investigaciones judiciales como Nóos, Gürtel, Imelsa o Emarsa. Es casi siempre lastimoso entre nosotros el difícil maridaje entre lo institucional y los duelos por los muertos: lo paga nuestra memoria colectiva.

Los barracones

En este caso, es probable incluso que haya hecho cosas buenas para muchos valencianos: la han sostenido en la alcaldía durante 23 años. Háblese de ello, si se estima oportuno, pero sacar a relucir ahora como gran mérito suyo un urbanismo absolutamente discutible es también pasarse. Mucho de lo construido como servicio público y la propia redefinición espacial de la ciudad del Turia parece sintonizar más con esa inclinación levantina por la apariencia cursilona y grandilocuente, que por una resolución coherente y sostenible de los problemas de la población. En el urbanismo que promovió hay mucho que no debiera haberse hecho y, además, no es poco lo que resulta deleznable a quienes en algún momento de nuestras vidas hemos vivido en esa ciudad. Tanto calatravismo constructivo cuando no se necesitaba tanto perifollo elitista, ha ayudado a una selectiva gentrificación de zonas céntricas antes ocupadas por clases populares y no ha dejado una ciudad más habitable para todos. La “impronta” con que ha cargado a los valencianos adolece de excesivo “caloret faller” y despropósito.

Si, además, se contrasta el costoso empeño puesto en fantasías como la visita del Papa, la Fórmula I, la Copa América y otras lindezas como “el nuevo Mestalla” o el plan urbanístico del Cabanyal, al margen de las cuantiosas deudas en que han quedado sumidos estos ciudadanos se podrá ver que tanta monería no ha dejado tiempo ni recursos para atender, por ejemplo, a los centros educativos públicos. No era ésta competencia estricta del Ayuntamiento, pero sí un indicador muy sensible de preferencias, pues todo en Valencia y su Comunidad giraba en torno a los dirigentes del PP, con la Sra. Barberá como “jefa”. Por eso ha sido muy llamativo que, casi coincidentes con su solitaria muerte, fueran también noticia los barracones prefabricados en que muchos niños de esa ciudad han tenido clase: el día 22, un día antes, la lluvia había hecho que en el CEIP 103 hubieran tenido que desalojar las aulas. Q.e.p.d.

El Pacífico (Océano)

El Mediterráneo no es, en todo caso, el centro del mundo desde hace mucho y pronto los mapas principales de las escuelas van a mostrar un Atlántico periférico. Otra geopolítica mundial se avecina: Trump está pregonando ya la nueva Geografía Humana que se va a estudiar muy pronto en los sistemas educativos de la OCDE. El Pacífico pasará a ser definitivamente el centro y, en relación con él, el nuevo posicionamiento del Este y el Oeste pronto hará olvidar viejas asociaciones de cuando “la Guerra Fría”. Esta deslocalización simbólica que se avecina sólo expresará lo que la aceleración globalizadora ha ido generando en los últimos treinta años. Tocan a Trump los reposicionamientos estratégicos de los EEUU.

Pero lo cultural también cuenta. El multimillonario republicano ya ha hecho gala de bastantes gestos que, salvadas las distancias, guardan notables parecidos con otros de la fallecida exalcaldesa valenciana. En particular, esa especie de campechanía compatible con el autoritarismo conservador y otras formas chillonas de actuación y demostración pública, capaz de llevarse por delante, si se tercia, lo que suene a racional modernidad. Una tendencia con la que es coherente uno de los últimos nombramientos hechos por el magnate americano que, por demás, tendrá indudable influjo en algunas de las corrientes de pensamiento pedagógigo que tienen acomodo poderoso en nuestro país. Betsy DeVos, también multimillonaria -otra inclinación de valor creciente en política-, será la secretaria de Educación de EEUU.

Y la “libertad de enseñanza”

Conviene tomar nota de la trayectoria y declaraciones de esta mujer, radical opositora -según escribe el corresponsal de EFE en Whashington- de los sindicatos de profesores y, defensora de muchas de las querencias que han provocado -no sólo en EEUU- pugnas interminables. En España, organizaciones como CEAPA, sindicatos como FETE o CCOO, y plataformas reivindicativas como MAREAVERDE, son fehacientes testigos de lo difícil que es una “calidad” educativa entendida de manera leal e igualitaria para todos.

Sin que sea una novedad para el neoliberalismo educativo, especialmente militante desde la publicación en 1983 del estudio A Nation at Risk, con Trump se seguirá erosionando la atención a los sectores americanos más débiles que, al mismo tiempo, son los más necesitados de una educación que les facilite vivir con más sentido. Sus perspectivas de cambio serán parejas a las que se van a producir en la débil sanidad pública, a la que las pocas reformas que ha podido hacer Obama ya se ha anunciado que van a ser recortadas. Lo que parece inminente es que los razonamientos a favor de que las políticas democratizadoras son pura burocracia que coarta el talento natural, y que sólo frenan la expansión de la “buena educación”, volverán a lucir espléndidamente. En nuestro paisaje mediático -y por los canales más sorprendentes-, retornarán pletóricas de jovial entusiasmo las consignas en pro de “la libertad de enseñanza” y, también, de “la calidad” educativa. El determinativo “la” será fundamental en la inundación de mensajes que los Megadata nos harán llegar de manera personalizada, para minar de desprecio implícito cuanto no sea detraer hacia la privatización y el negocio educativos el máximo de recursos públicos.

Concordancias

En estas circunstancias, y sin apenas contrapesos en la Cámara de Representantes y en el Senado para el narcisismo político de los “selectos” y “satisfechos”, crecerá la sordera para los viejos clamores de quienes con Condorcet -y mucho antes, desde Aristóteles en su Política- vienen reclamando la verdadera democratización del conocimiento como el mejor modo de construir una sociedad más equilibrada y menos disparatada. También en España, pese a que el peso del PP en el Parlamento es distinto, es previsible que “el diálogo” para un “Pacto educativo” nacional que pregona este partido, reenmarque rancios argumentos a favor de proseguir su incansable monólogo. Son muchos los responsables de políticas educativas que ha tenido el PP de Rita Barberá que han hecho gala de modernidad con las doctrinas que la Sra. Betsy DeVos ha pregonado desde la American Federation for Children para “la mejora” de la educación. Con los derechos de los padres por delante de los reconocidos por la ONU a los niños, esta multimillonaria de raigambre ultraconservadora les inspirará nuevas maneras reaccionarias de radicalizar la interpretación del ambiguo artículo 27 de nuestra Constitución. Al tiempo.

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