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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Las imágenes de la vergüenza

Luis Jiménez
29-Septiembre-2012

Lo sucedido en las inmediaciones del Congreso de los Diputados en la tarde-noche del 25 de septiembre es difícil de aceptar para una sociedad democrática. Las imágenes difundidas demuestran que los sucesos superaron lo tolerable desde multitud de ópticas y, en el resto del mundo, se encuentran entre el estupor y la vergüenza ajena. Ha sido un espectáculo bochornoso digno de un país subdesarrollado y no democrático, algo lamentable que no debería repetirse y que, sin embargo, se repetirá.

Conviene empezar por decir que la convocatoria contenía elementos de preocupación, ya que, citar a los ciudadanos para rodear los edificios donde residen las instituciones democráticas puede convertirse en un camino inadecuado para lograr el objetivo que se busca, que no es otro que la rectificación de unas políticas actuales lesivas para con la ciudadanía y, en el caso de no producirse dicha rectificación, la dimisión de un Gobierno que fue elegido con un programa electoral que no está cumpliendo en los términos planteados. En realidad, está desarrollando la política que siempre ha defendido, aunque la oculte adecuadamente en los procesos electorales para conseguir un apoyo mayor del que recibiría si dijera la verdad con relación a sus intenciones.

La convocatoria es adecuada cuando se plantea como una concentración ante las instituciones para mostrar el rechazo a unas políticas que deben ser eliminadas, pero se convierte en un problema cuando algún grupo de personas va más allá y, aprovechando un acto pacífico como el que se había planteado, lo manipula o lo utiliza para fines diferentes a los iniciales. Así, el pasado día 25 se produjeron tres hechos lamentables: el intento de superar las barreras policiales con intención de llegar de forma violenta hasta el propio Congreso, la actuación desproporcionada de los cuerpos de seguridad con ciudadanos pacíficos, y la inaceptable posición de algunos responsables políticos que respaldaron unas actuaciones ilegales y bochornosas.

Nadie puede defender la actuación de grupos de personas que provocaron y agredieron a la Policía Nacional, como tampoco que ésta apaleara a ciudadanos que se concentraban de forma pacífica. Ambos extremos pudieron verse en las imágenes que se han difundido y deben ser exigidas las responsabilidades legales a sus protagonistas, tanto de uno como de otro lado. En cualquier caso, nada de todo esto debe empañar una concentración que debía ser, y en general lo ha sido, una demostración pacífica del malestar existente. Ni tampoco debe cuestionarse a los cuerpos de seguridad de forma global.

En cuanto a la actuación de algunos responsables políticos, sólo cabe la crítica y la exigencia de disculpas inmediatas por sus declaraciones. Además, en el caso del Ministro del Interior y de la Delegada del Gobierno en Madrid, sus palabras, intentando “supuestamente” criminalizar a los ciudadanos y alabando las actuaciones policiales –obviando o incluyendo las desproporcionadas–, sólo deberían llevar a su fulminante dimisión. Pero eso no ocurrirá, nuestra Democracia permite que, cuando se ostenta un cargo político, se puedan decir y hacer cosas que para el resto de los ciudadanos supondrían quedar con cierta seguridad a disposición judicial. Es más, algunas declaraciones y actuaciones previas, mensajes por Twitter incluidos, no contribuyeron a conducir las cosas por buen camino. Quien siembra viento, recoge tempestades.

Los ciudadanos deben recordar las palabras de Montesquieu: "Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad." y que la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1793 dice que “La resistencia a la opresión es la consecuencia de los otros derechos del hombre.” y que “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes."

¿Es posible la insurrección pacífica? Sí, y lo está siendo. ¿Seguirá siendo pacífica? Depende de la respuesta de las autoridades y, con ella, de los cuerpos de seguridad del Estado. Lo que sí es seguro, es que los ciudadanos debemos rebelarnos ante la injusticia que estamos sufriendo.

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