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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

El LIBRO BLANCO de José Antonio Marina sobre la PROFESIÓN DOCENTE (Escolar) trae páginas marcadas

Manuel Menor Currás
18-Noviembre-2015

En vísperas electorales llama la atención que este profesor y ensayista se haya metido en una tarea que no representa al profesorado y sólo distrae de sus problemas.

Las vísperas electorales son pródigas en trampantojos. Para hacernos olvidar las malas faenas de su antecesor, Méndez de Vigo ha decidido que le acompañe en el ruedo un monosabio que fije bien qué falta para culminar el gran toreo de la enseñanza pública en esta legislatura. José Antonio Marina, currante de aula como cientos de miles de profesores -y ensayista con recorrido-, ha aceptado el encargo y está haciendo uso sobrado del candelero a que le han subido. A base de intermitencias en los medios y aparente contraste con los decires del Ministerio, prepara al desconcertado sustituto de Wert las piezas adecuadas -como se las ponían a tantos protagonistas de la escopeta nacional. Es lo que faltaba al proyecto de “Mejora de la calidad educativa”: un taumaturgo que por fin ponga orden autoprofetizado en las malas “herencias”. Hasta hace poco, esto se hacía de tapadillo. Con Méndez de Vigo, se cuenta con la servidumbre mediática, con que este intermediario pontificara poco y que todo el mundo estaría encantado. Todos le enviarían aportaciones sin fin y, con mucha elegancia y desparpajo, las haría llegar al Sr. Méndez de Vigo, torero principal del reino.

La representación

No está siendo así. Personas cualificadas a las que ha solicitado expresamente su criterio se han desmarcado. Con lo cual, ya se está preguntando: “¿Quién representa a los docentes?” Muy buena pregunta, oportunista para tiempos como estos. Pero muy rara en quien lleva tantos años en la docencia y, presuntamente, en tareas “culturales”. A sus 76 años, ha debido haber vivido aquellos gloriosos en que estas cosas no se preguntaban, y cómo se haya sido para que quienes trabajan en la enseñanza tengan derechos laborales y sociales, con convenios que los regulen. Los Colegios profesionales a que ahora apela más bien nos retrotraen al sindicalismo vertical y sus aledaños. Sólo cuando aquello ya se desmoronaba del todo, fue posible que muchos profesores se organizaran y que el de Doctores y Licenciados de Madrid publicara en su Boletín, el 2 de febrero de 1976, que su Junta General aprobaba “la alternativa para la enseñanza” con una plataforma reivindicativa que, entre otras condiciones inexistentes, pedía 30.000 pesetas. Es imposible que ignore cómo se llegó a esa proeza, cuando aquello había sido espacio privilegiado del falangismo. O cómo evolucionó la gestión de aquellas demandas de entonces: ha habido muchas huelgas por los incumplimientos de lo pactado. ¿No ha participado en ninguna? ¿Las mejoras que haya habido le han llegado gratuitamente del cielo? ¿Nunca las ha necesitado por tener algún gen especial?

Al Sr. Marina le ha parecido bien entretenerse en servir, al Sr. Méndez de Vigo y al PP, guapos pretextos para que los asistentes a esta corrida agiten el pañuelo a pesar de tanta faena aparente de aliño. Va haber un módulo profesional en tauromaquia, pero que no nos haga proclamar que la corrida es estupenda. Distraída sí es, porque este “libro blanco” que está a punto de añadir a su prolífica colección tiene mucha gracia. Antes, los dos libros blancos educativos famosos los hacía la Oficina Técnica del Ministerio y tuvieron mucha importancia. Como documento de época la siguen teniendo. En 1969 -en vísperas de la LGE de Villar Palasí-, Bases para una política educativa. Y en 1989 -en vísperas de la LOGSE-, el Libro blanco para la Reforma del Sistema Educativo. Estuvieron un tiempo relativamente amplio en el debate público -obviamente, con las distancias que, con la Ley Fraga por medio, van de una a otra fecha. Ofrecían una consistente mirada sobre el momento del sistema educativo escolar como un todo. Ahora -pese a las redes sociales- vamos a menos. Ha sido encargado a un supuesto connaisseur, como manera de externalización a la baja de la que nadie sabe las contrapartidas. Y, además, aprisa y corriendo, quieren abducirnos al final de la legislatura con que la piedra de toque del sistema educativo son los profesores. Sin petición de perdón ni rectificación previa, estos actos de amor ¿quién se los cree?

Qué se representa

Nadie va a discutir que las cuestiones relativas al profesorado no sean relevantes. Todo lo contrario. Cada vez hay más expertos para quienes ninguna política educativa será buena si no empieza por ocuparse en serio de que quienes se han de encargar de aplicarla en las aulas tengan los medios adecuados o de que sepan y puedan hacer bien el trabajo que les corresponde. De algún modo todos los políticos han caído en la cuenta de ello, cuando menos como declaración ritual. Ninguna ley con pretensión relevante ha dejado que el BOE no lo expresara.

Ahora bien, las secuencias legislativas no proceden por saltos en el vacío. Nadie da crédito a que, justo ahora, cuando culmina una legislatura atroz con el sistema educativo -y con el profesorado-, un caramelito sea indicativo de que van a ocuparse de que sean profesionales autónomos, pinten algo en los centros más allá de ser vigilantes de los adolescentes o que memoricen cuatro cosas genéricas para una prueba externa. ¿Se va a cuidar que sepan y puedan hacer un trabajo que tenga sentido y merezca la pena? Si alguien desconfía del viejo criterio de que por las obras los conoceréis o cree todavía que los niños vienen de París -sería el colmo y más ahora, después de la masacre del día 13-, puede que se crea este trágala distractivo.

La pregunta más urgente es: ¿A quién representa el Sr. Marina? Sólo sabemos quién le ha elegido y no sabemos nada acerca del recorrido que vayan a tener las propuestas que le lleguen: con qué criterios las está seleccionando, por qué rechazará muchas o escogerá las prefijadas… Todo ese campo y sus ajustes a pautas analizables con rigor representativo se nos escapan. Un misterio que no se hace más transparente a cuenta de haber ejercido como profesor, tener una bonita web y haber escrito una ecléctica tipología de libros divulgativos. Sería lamentable que, a causa de tan poca transparencia, muchos de sus antiguos lectores revisaran a fondo la fiabilidad de lo que hayan leído firmado por él.

Ocurrencias representativas

Este librito blanco viene con las hojas marcadas y es de mal presagio salir cada día con alguna ocurrencia que, en plan aislado podría tener gracia si no estuviera ya pasada de fecha. Por ejemplo, la de que se pague a los profesores según el rendimiento de sus alumnos, es decir, sus notas al final del curso o al final del Bachillerato. Las medias estadísticas pueden ser muy interesantes como proceso de análisis, pero la docencia no es una cadena de montaje. Además, desde los años 80, sabemos por los expertos americanos que no funciona para lo que se supone que debiera funcionar, sino para efectos perversos que deterioran más el sistema bajo apariencia de eficiencia. De similar cariz son otras muchas ocurrencias que estos días han ido saliendo a la prensa. Tantas, que ni es relevante si las ha dicho o no el Sr. Marina, porque de lo que se trata es que cunda la idea de que este señor -en nombre de Méndez de Vigo- se preocupa en serio de poner rigor donde -según deja entrever esa prensa adicta- sólo hay desbarajuste. ¿Nadie cae en la cuenta de que es contradictorio? Si llevan gobernando la tira de años y, además, han hecho de la vida de los trabajadores de la Educación -de los de Sanidad y otros servicios- una servidumbre con medios con todo tipo de trabas, mientras se lo ponían en bandeja a los patronos de la enseñanza privada.

El neoliberalismo está muy bien para los amiguetes, pero no para los currantes ni para quienes dependen de estos servicios. Que no se extrañe el Sr. Marina de que haya quien le haya dicho que no a sus peticiones de colaboración. Su colaboracionismo, aunque no lo crea, es una especie de traición. Deja a mucha gente por los suelos, como si fueran unos quejicas. Tal vez no caiga en la cuenta que concuerda con quienes no han podido tolerar que se pusieran en evidencia mentiras sonadas. Sobre todo, aquellos dos famosos decretos de 2012 en que presumieron de eficiencia gubernamental a cuenta de descontar salarios y recursos, aumentar horas de trabajo, ratios de alumnos o derivar profesores hacia el paro en un ERE que ha sacado de en medio a 30.000. Los miles de millones recortados en enseñanza -y que no han cesado. Pues nos bajarán hasta el 3,7% del PIB en 2016, lo que representa unos 4.000 millones más- es todo un signo de aprecio por los docentes y la enseñanza.

Es probable que el Sr, Marina no se haya enterado, porque estuviera en otra cosa: sostener vivos en este momento en torno a 50 libros en las librerías es un milagro, otro milagro. Es posible que seamos lerdos y no entendamos tantos repetidos gestos de amor durante esta legislatura, mientras los aumentos de tasas y bajada de cuantías de becas han hecho que un sinfín de familias alimentaba el gozo de que su hijos no pudieran ir a la universidad. Igual debe suceder con la ausencia de políticas de infancia, cuando según Save the Children -y confirmación de Cáritas- uno de cada tres niños españoles esté en riesgo de pobreza y exclusión en nuestro país. Será que la mayoría de sufridores tiene afición a la demagogia, empezando por algunas asociaciones de padres empeñadas en que los comedores escolares estén abiertos. Es probable que sólo quienes han controlado los recursos de Educación estos años ignoren que esos niños y adolescentes son los candidatos perfectos para el tan manoseadoiticos del PP esgrimen tanto: ndidatos perfectos para esa cosa que nuestros queridos polsores interinos hacia el paro con una es "fracaso escolar", y que, ineludiblemente, muchos repetirán la desgraciada vida de sus padres. Bien. Pues ahora, resulta que según las felices iniciativas que se supone va a iluminar este libro nada blanco de Marina, nada de todo esto debe haber sucedido. La clave está en el profesorado y, por tanto, todo irá bien si se le amarga la vida un poco más. Ya tenemos el chivo expiatorio en el ruedo.

Fuera de la disputa política

Recientemente, el Sr. Marina ha aludido a su desacuerdo con la LOMCE y a que está encantado de “colaborar” a sacar la educación de la política, porque “estoy -dice- fuera de la disputa política”. Eso no le da mayor crédito en este trabajo que ha asumido voluntariamente. Karl Manheim ya dejó dicho que no hay discurso más ideológico que el que se presenta como no ideológico. Y hablar de “buenos maestros” como si de la industria automovilística se tratara, suena a rancio discurso nada “natural”. Para ser consecuente, antes de publicar este Libro blanco sobre la profesión docente, debiera estudiar cuál es el papel que esa ley orgánica atribuye a profesores y maestros, y cómo los proletariza mucho más de lo que ya están. Ese regreso explícito hacia el taylorismo puro y duro -tan del pragmatismo pecuniario del IBEX-35 y de la OCDE-, debe haber subyugado a este profesor por el amor especial a los de su especialidad. En el currículum que esta ley -¿aséptica?- lleva aparejado, la Filosofía ha sido disminuida un 66%, incluida “Educación para la ciudadanía” que, normalmente, enseñaban sus colegas. Es muy extraño que se haya metido en esta película, cuando el mapa cognitivo de que ha debido ocuparse como docente haya quedado tan tocado. De añadido, la cosmogonía que rezuma esa ley -¿desinteresada?- es fantástica por lo antiilustrada que resulta en 2015. Pero tal vez el papel que se asigna a los nuevos profesores a los que Marina contribuirá a mejorar con su diseño de carrera docente, aporte novedades insospechadas desde el terreno de la autoayuda.

Compañero de quién

De ilusión también se vive. Algo más que compañero de viaje, Marina pronto podrá enriquecer su currículum personal con esta contribución al bien de la enseñanza española. Probablemente le merezca algún saldo honorífico añadido. Pero si decide continuar en este aguerrido servicio, sería de agradecer que, en la introducción de su “libro blanco” no se olvidara de los antecedentes de esta búsqueda de la piedra filosofal de la enseñanza. Hay antecedentes memorables, en idéntica línea de complementariedad a la que su trabajo va a proporcionar a la LOMCE. Por ejemplo, un libro que editó Educación en 1938 en que se contaba el ideal de maestro vocacional y con que debía armarse aquel infausto sueño: Curso de orientaciones nacionales de la Enseñanza Primaria (Burgos, Hijos de Santiago Rodríguez, 2 tomos). Un amplio grupo de maestros fue aleccionado en Pamplona aquel año para que se fueran enterando de qué debían hacer. Aquel cursillo de un mes, dirigido por un militar, tan grabado lo tuvo Marta Mata que escribió sobre él en Cuadernos de Pedagogía, en septiembre de 1976. Si le pareciera una tontería ir tan atrás, el Sr. Marina no debe soslayar lo que dejó prefijado Wert en una proposición no de ley. Después de ningunear a los legítimos representantes de los profesores, no alcanzó a ser debatida. Pero está registrada con el nº 162/000613, desde el 26 de abril de 2013, en el Boletín Oficial de las Cortes Generales del Congreso de los Diputados.

Como hombre de lectura que parece ser, sus queridos lectores le agradecerían profundamente que recapacitara. Entre las muchas directrices que componen la aristocrática República de Platón, hay algunas especialmente convenientes a este caso: la 2.20 y 21 entre las mejores. Y si se prefiere la ironía, tal vez debamos quedarnos con que es preciso hablar primero de la música que de la gimnástica (II.17). Sin confundirse, para lo cual la visión del refranero popular es todavía más utilitarista de lo que lo que va a ser este marcado libro blanco. De los más de 500 refranes transcritos por Martínez Kleiser aquí aplicables, me quedo con el más positivo: “Cuidando dónde vas, te olvidas de dónde vienes”.

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