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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

La prebenda que Rajoy ha dado a Wert en París tiene los días contados

Manuel Menor Currás
3-Agosto-2015

París es especialmente bello en verano y otoño, un regalo pagado por todos.  Aunque probablemente no durará más la embajada encomendada a Wert ante la OCDE.

Es recomendable leer el artículo de Agustín Moreno, escrito ayer como reacción al asombro por el nombramiento de Ignacio Wert para la embajada española ante la OCDE y las prebendas que conlleva mientras sea capaz de mantenerse en ese puesto o canonjía. Hay una leve corrección a hacer, de interés si necesitaran los servicios del nuevo embajador o desearan hacerle llegar alguna recomendación, solicitud o escrito apropiado en algún momento de los meses inmediatos. No es a Bruselas, sino a París, a donde deberán dirigirse. Y más allá de enero de 2016, lo más seguro es que no vayan a encontrar su destino las misivas dirigidas a Avenude Marceau, 22. - 75008 - PARIS.

Este destino manifiesto ya se veía venir. Ha habido bastantes medios que han seguido los pasos del ya exministro, especialmente desde que se supo de su relación con su pareja en Educación y ahora ante el Registro civil, Montserrat Gomendio, la experta en primates que, en los últimos tiempos, ya había abandonado la calle Alcalá, 34 (de Madrid) para dirigirse a esta misma ciudad y encargarse de otra prebenda de la OCDE en la sede de esta organización. Concretamente, en el área de educación, que sigue creciendo con planes expansivos, no sólo a los niveles escolares, sino también a los universitarios.

En la Web del Ministerio de Asuntos Exteriores –sección “Representación Permanente de España ante la OCDE”-, todavía puede leerse la salutación del representante anterior, Ricardo Díez Hochtleiner, indicando la importancia de esta Organización de 34 estados, “los más avanzados del mundo”. Llevamos en ella desde 1961 y, según el anterior embajador ahora destinado a El Cairo, la embajada española en París se encarga de “representar, promover y defender los intereses de España y de los españoles en los numerosos ámbitos y foros de trabajo de esta prestigiosa Organización”. El motivo oficial por el que Wert haya sido nombrado al frente de la delegación parisina en que trabajan al menos otros 17 diplomáticos y funcionarios españoles, es que, entre los múltiples ámbitos de actividad de esta Organización, dedicados “al análisis de políticas públicas y elaboración de estándares e identificación de buenas prácticas”, figura la educación. Periódicamente, desde el año 2000, llega a todos los medios con mucha prontitud e insistencia el preciado Informe PISA. La OCDE es la responsable de su formulación y características, como de la consiguiente explotación de datos, consejos a los responsables de los países miembros y otra literatura más o menos conexa, de gran importancia no sólo para generar opinión, sino también negocio. La multinacional Pearson –que ha sido noticia reciente por la venta de Financial Times– lo sabe muy bien y ya se ha hecho con el contrato del PISA-2018, que pasarán a 510.000 estudiantes.

Wert ha hecho un buen servicio a la OCDE, vendiendo su LOMCE a los españoles como avalada por los resultados de este Informe famoso. Los medios, en general, siempre se han encargado de propagar ambas buenas nuevas o, por mejor decir, la compensación de la nueva ley orgánica a los supuestos malos datos que ofrecía el susodicho Informe. Muy pocos dijeron lo que recientemente ha explicado Julio Carabaña –uno de los sociólogos que más saben de este Informe y de sus entresijos–, señalando que El informe PISA es inútil para las escuelas, libro al que se ha hecho repetida alusión en esta columna. Lo que mide PISA no vale para determinar lo que hagan o dejen de hacer los profesores en sus aulas respecto al conocimiento: sólo mide el que unos chavales de 15 años son capaces de aplicar a cualquiera de los problemas que se le planteen en una encuesta.  Como si nos la hacen a cualquiera en la calle, con dos o tres horas para responder a similar batería de preguntas. ¿Sabríamos decir qué corresponde de lo que hubiéramos respondido, no a un curso determinado de nuestra Secundaria, sino a todo lo que en el colegio o Instituto hayamos estudiado y a una manera concreta de enseñarnos que tuviera el profesor de Matemáticas o Lengua?  Curiosamente, el Informe apenas se interesa por nada más de lo que haya podido estudiar un chaval. Y curiosamente también, son pruebas externas como esta –con determinaciones genéricas o estándares de conocimiento– las que acaban determinando lo que al final deban hacer los profesores en clase, porque con ellas va su prestigio y, en algunos estados de EEUU, también el nivel de sus ingresos salariales.

La lectura detenida de la LOMCE permite ver cómo todo esto ya ha quedado plasmado ahí como pauta para la educación que se está implantando y que, si no se para, seguirá siendo normativo para los adolescentes españoles y sus profesores en los próximos años. Es decir, que Wert ha hecho bien el proyecto que le habían encomendado que hiciera en estos tres últimos años, y le han recompensado por ello. Lo que debiera saberse también es si a “los intereses de los españoles” les conviene lo que en este campo le interesa a la OCDE y que ha ejecutado Wert. No olviden que es una Organización eminentemente económica, con intereses vinculados a las otras grandes organizaciones internacionales como el FMI, ahora mismo muy interesadas en extender el “libre mercado” a la educación, prosiguiendo la desregulación que de manera tan rápida y tan expeditiva ha dejado hecha Wert en este tiempo. Únanlo a los recortes que tantas veces se han mencionado –y que Mariano Rajoy ha prometido a Bruselas iba a seguir bajando hasta el 3,7 del PIB–, y quedará claro por qué hayan destacado de Wert que ha sido un buen alumno. Lo era ya en el Colegio del Pilar y pocos de su bancada le van a ganar en eso, aunque los haya tenido muy competitivos.

Esa buena disposición ya pudo verse en otra ley anterior que también nos ha dejado de regalo, todo un programa de intenciones educativas no menor que el de la LOMCE: la  Ley de Emprendedores (Ley 14/2013, de 27 de septiembre). Quienes no la conozcan pueden verla en el BOE del día 28 de ese mes. Ahí puede sentirse de lleno el acento orientador que ha querido imprimirse en esta legislatura al sistema educativo español. Entre otras hermosuras, considera “la miniempresa como herramienta pedagógica”, un buen paradigma de que lo que no sea estricto utilitarismo y competitividad desde temprano no merecerá la pena y, en consonancia, para qué íbamos a andarnos preocupando de la imprescindible igualdad educativa. Mejor disponerlo todo para la mejora de la “selecta calidad”, la de las élites, a las que no sólo hemos de promover sino, además, hacer que sus estilos de vida impregnen bien de ansiedad la de todos los demás. Sólo falta que el Monopoly –el antiguo “Palé”– se convierta pronto en el mejor juego adictivo para desarrollar desde la infancia las competencias adecuadas para este tiempo.

Para completar la comprensión del nombramiento de Wert para la embajada parisina al lado de Gomendio y no quedarse en el asombro, pueden traer a su recuerdo igualmente cómo ha quedado mejor parada la Religión en esta legislatura, en la omnipresente LOMCE. A Wert le van los acuerdos internacionales y no nos habíamos dado cuenta. Todos los líos que plantea esta “asignatura fundamental” provienen de un acuerdo internacional, en 1979, con el Vaticano, que a su vez repite otro similar de 1953, reiterativo de otro anterior en 1851. Más atrás no hacía falta retrotraerse: la Iglesia había mandado más que el Estado en asuntos cruciales desde Teodosio en el 370 d.C. Y este es el panorama de la defensa de “los intereses de los españoles” que va a seguir cuidando ahora mismo desde la confortable y muy céntrica embajada parisina: ese montón de hipotecas mejoradas del sistema educativo de los españoles, al Vaticano, a la OCDE, a la UE y, probablemente dentro de poco al TTIP y al TISA, que ya se están discutiendo en Bruselas.

¿A favor de qué mejora de “intereses” jugará nuestro flamante y bien recompensado embajador en París? Jueguen en serio a pensar bien la respuesta. No es difícil saber cuál será la siguiente jugada del gran número uno de la clase que siempre ha querido ser nuestro inefable Ignacio Wert. Pero, si usted quiere ser tan listo como él y le parece que sus “intereses” son otros, también puede irse imaginando qué hacer en la próxima jugada que le toque a usted, probablemente en noviembre. ¡Buen verano!

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