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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

¿Hipocresía veraniega? Menos viajar y más leer la prensa o escuchar el parte: propuesta de verano

Manuel Menor Currás
25-Julio-2015

Las contradicciones entre lo que se ve y lo que se dice tratan de educar nuestro escepticismo: “todos son iguales” y la corrupción, como otros enredos, no tiene enmienda.

Cuando el sistema escolar estaba vertebrado por el catecismo del P. Astete o del P. Ripalda, la esquizofrenia moral tenía fuentes variopintas. Una muy frecuente tenía que ver con lo que prescribía el octavo mandamiento, en que se mandaba “no levantar falso testimonio ni mentir”.  Casi automáticamente, uno de los insultos de mayor éxito –repetitivo de la glosa catequética– era el de hipócrita que lanzábamos a cuanto individuo adivináramos falaz.

Los tres monos sabios

Ha llovido lo suyo desde entonces y ya es señal de modernidad emprendedora tener la cara suficiente para aguantar el chaparrón si te pillan en algo gordo. Si además tienes un buen servicio de comunicación a tus espaldas para lavar la posible mella de imagen que hayas podido sufrir por un percance con la UDEF, la hipocresía puede lanzarte al estrellato mediático. Todo es bueno para el convento, decía el fraile. Y todo parece aprovechable con tal de que hablen de ti. La hipocresía y la mentira ayudan a crear tendencia y hay tendencias que vienen a ser la piel de asuntos constitutivamente hipócritas.

De esta hipocresía actual forman parte los conflictos cada vez más graves entre lo que se mira y se ve, entre lo que se oye y se escucha, y entre lo que se dice y se calla. Tampoco esto es nuevo, claro. Los tres monos sabios de la tradición moral japonesa –esculpida a comienzos del XVI en un santuario budista– predicaban no ver, no oír y no decir: una fórmula prudente de no meterse en problemas y rendirse al sistema por insatisfactorio que fuera. Una tradición más antigua todavía, y que recorre prácticamente toda la literatura paremiológica siempre insistió en esa misma moral morigerada, cauta y convenienzuda del siervo. Tópicos son los refranes gallegos en que nunca se sabe “si lo vio o no lo vio”, ni si se sube o se baja, aunque también los haya expeditivos y clarificadores, como algunos que dejó ilustrados Castelao del tipo de: Probes dos probes, reveladores de mentalidades nada uniformes en cuanto a honestidad.

Ejemplaridad “edificante”

Con el verano y el calor no parece sino que crece el contrapunto de lo hipócrita como valor en alza. Al menos este año, competir en política está dando muchas ocasiones para mostrar cualidades en estas lides. Vean, por ejemplo, lo que ya está pasando en Madrid –prototipo de noticias similares en otras partes– respecto a políticas educativas. El gobierno actual de esta Comunidad ha perdido una votación en que se le instaba a retrasar el desarrollo de la LOMCE en el curso próximo, al tiempo que se le pedía la reducción urgente de tasas universitarias, en Educación Infantil y Formación Profesional, para “elaborar una política que permita un acceso a la educación como elemento de compensación social”. Todas venían siendo cuestiones intangibles, desde bastante más atrás que la tan invocada “crisis”, por cuestiones de moral aseñorada y muy distante de la plebe.

La hipocresía era más grave todavía en relación con los comedores escolares desde que se puso en marcha la excusa de la crisis para humillar un poco más a quienes estaban soportando con más dolor desajustes que no habían causado. En nombre de la falsa moral de posible mala imagen para el turismo visitante, no existían niños hambrientos. Ha sido pasar las elecciones del 24 de mayo y han empezado a llover las almas benéficas en pro de niños pobres y desnutridos, no sólo desde la nueva alcaldía de Madrid, de Manuela Carmena –coherente con lo que ya había hablado en campaña–, sino de parte de quienes sacaban ahora esa bandera para  tener mayoría relativa en la Asamblea y lavar imagen.

Imagen online

Esta historia de la hipocresía en la Comunidad de Madrid tiene, además, algunos ejemplos extraordinarios en quienes pasaron por la Consejería de Educación, la Sra. Fígar y quien le sucedió en el cargo, Manuel Pérez. Ambos, imputados en la Operación Púnica –ejemplo extra para entender los entresijos de algunos emprendedores modélicos en entresijos de hipocresía rentable–, porque pagaban con dinero público –con “pagos encubiertos”, claro–, servicios para mejorar la imagen online. Estaban quedando mal ante los ciudadanos con muchas de sus decisiones y pagaban para que no se notara y que, además, cundiera la idea de que eran muchísimos siempre los que estaban contentos de su gestión. En el Archivo documental de los comunicados de prensa del gobierno autonómico anterior, deberá figurar esta cláusula correctora: léase todo con lupa. Probablemente, también en muchos otros del pasado, presente y futuro.

No es lo último. La prensa nos da muchísimos ejemplos de “transparencia” todos los días. Ahí está Rajoy presumiendo el pasado día 22 de que “lideramos la creación de empleo sin ocurrencias”, gozoso de anunciar lo que aparentaba ser un récord de la EPA, con datos “no coyunturales sino estructurales”. Curiosamente, también el presidente de la CEOE estaba muy alborozado porque, a su muy personal parecer, era el signo de una “firme recuperación”. Se olvidaban del 22,37% de parados que ahí siguen, y de las formas estadísticas de contar qué sea paro o no en este momento en España, y todo vale para el cómputo “excelente” –cómo disfrutan con este adjetivo–  aunque sólo se trate de una hora trabajada o se sume la inmensa cantidad de falsos autónomos como si realmente estuvieran haciendo algo. Muchos preferirían que hubiera comentado la “Encuesta del INE sobre niveles de vida 2014”. Que hablara de cuántos hogares hay en España en que ningún miembro percibe salario ni prestación social alguna. Que, a continuación, mostrara la incidencia que en tales hogares –y otros– tiene la reducción de becas de todo tipo, incluidas las de comedor y de libros, porque en estos últimos años se disminuyó su importe global –en Madrid un 66%– o casi desapareció, como en el caso de Castilla la Mancha. Si, además, hablara alguna vez de la cantidad de niños que no pueden comer en las condiciones que cualquier nutricionista infantil estima básicas para su buen desarrollo corporal, o con las necesidades básicas de tipo educativo cubiertas, podría liberarse de la acusación de hipocresía politiquera. Todavía está a tiempo de documentarse acerca de lo que ha hecho su Gobierno si lee algo del Informe de protección social en España 2015, que CCOO publicó el pasado día nueve. No es rentable ante sus potenciales votantes, pero se reconciliaría con muchos otros. La veracidad tiene esa capacidad: la mentira y la triquiñuela son otra cosa.

Y contrapunto

Para colmo, si se contraviene la habitual hipocresía, y se pretende restablecer la regla del bien común, la justicia distributiva y sus consecuencias en el buen uso de lo público, surge de inmediato la afectación de escándalo por parte de presuntos ofendidos que han ofendido a muchos otros con sus gestos torticeros. Vean, si no, a la Sra. Colau renunciando a la prebenda de un palco en el Liceu, que le venía costando al Ayuntamiento de Barcelona 108.000 euros. La bella petición de los dirigentes de la encumbrada entidad musical, no puede expresar mejor la clásica “restricción mental”, siempre más mentirosa cuanto más exquisita. Podría emplearse –dicen– para “un uso social” (el palco, no el dinero). Todavía no se han enterado de que tanto maquillaje genera suspicacias, mientras crece la masa crítica de los hartos de decir que “chove”.

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