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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

“Su educación la eliges tú”

Manuel Menor Currás
12-Marzo-2015

Vísperas electorales: vuelve el populismo de la libre elección de centro como señuelo apto para el olvido. Como si nada hubiera pasado y todo fuera tan ricamente.

A medida que nos acerquemos a las fechas electorales –no por las elecciones, sino por algunos procesos judiciales que se encabalgan–, iremos sabiendo un poco más de las estrechas relaciones que puede haber entre lo público y lo privado dentro del capitalismo extractivo. Ya saben, la detracción de recursos por parte de nuestros mejores emprendedores, quienes a base de invocar el bien público han engordado sus bolsillos particulares convirtiendo al Estado en aprovisionador de sus iniciativas y haciendo de la política un dominio propicio para sus peculiares capacidades. En Educación,  Comunidades como la de Madrid –con el respaldo gubernamental– ya disponen de ejemplos dignos de estudio sistemático –el de “La Púnica” es particularmente pedagógico– para cuantos aspiren en este momento, mediante algún máster singular, hacerse con las claves estratégicas de un exitoso posicionamiento. Su consolidada estructura roza la excelencia por la cantidad de ingredientes que lo conforman.

Los terrenos son una sólida base primordial: los centros educativos, en sus diversos niveles y calidades, necesitan espacio y, a ser posible, bien situado en zonas ya urbanizadas o en proceso de avanzada urbanización. Cuando ya las vías de la construcción empezaban a dar síntomas de extraños, los más avezados empezaron a otear el mundo educativo como tierra prometida para la prolongación de sus actividades. Muchas de las zonas de expansión de los nuevos barrios tenían espacios dotacionales apropiados para combinar experiencia constructiva y nueva división del negocio. Mejor imposible si se lograban cesiones más o menos gratuitas o, cuando menos, a muy bajo coste respecto al mercado. De este modo, nuestros más egregios neoliberales emprendieron maniobras –el “tamayazo” fue en junio de 2003– para que la Administración pertinente les echara una mano en el desarrollo de su “iniciativa privada” o su “iniciativa social” –de ambos modos la han llamado– a fin de constituir plataformas apropiadas para impartir “enseñanzas de calidad”. Un Informe de FETE-UGT acaba de revelar que, de este modo, entre 2000 y 2013 se han destinado más de millón y medio de metros cuadrados para este tipo de centros. Es importante señalar –como venían denunciando sistemáticamente también otros sindicatos– que no ha sido impedimento que el suelo en cuestión estuviera destinado a educación pública o que, incluso, el alcalde de alguna localidad hubiera pedido en esos años construir un Instituto público, porque lo que se ha implantado en su lugar, ha sido un colegio concertado: sucedió, por ejemplo, en El Boalo.

Las condiciones ideales de este negocio, es lo que los alumnos de estos másteres de excelencia han de captar bien. No es fácil ni está al alcance de cualquiera,  hacerse con unas parcelas de ese cariz, prácticamente regaladas o, en todo caso, cedidas a largo plazo por un canon irrisorio. El citado informe de UGT, sin embargo, muestra un mapa con 82 parcelas de este género, que la Comunidad de Madrid ha entregado a diversas entidades para la construcción de colegios que, en prácticamente su totalidad, son privados o concertados. Del estudio de este mapa cabe deducir, no sólo la localización más apta para este tipo de negocio –siempre próxima a alguna zona densamente poblada y más bien de clase media, y que esté alejada de toda Escuela o IES público–, sino también su superficie ideal. Alguna hay de 89.000 metros cuadrados y, más frecuentes, las que rondan los 30.000. No está mal: un campo de fútbol reglamentario puede andar entre los 90 y 120 de largo por 45 a 90 de ancho, de modo que el promedio de los de nuestra Liga tienen en torno a 5.000 metros cuadrados.  Y no es menos interesante observar que, sin que se sepa muy bien la diferencia, algunos de estos terrenos muy bien ubicados han sido vendidos a sus actuales propietarios mientras otros han sido adjudicados por una módica compensación anual. Muy conocido es el caso de un Colegio de las Madres Mercedarias, en Tres Cantos, entregado a razón de 14 euros el metro cuadrado cuando –según UGT– estaba valorado en 700.

El posicionamiento es indispensable para estos asuntos: hay que arrimarse a una buena sombra. No todo el mundo está en disposición de ser ni parecerse a algunos de los nombres o entidades como las que se citan en este mapa: Arturo Fernández, las Madres Mercedarias, el Arzobispado de Madrid, el ventrílocuo José Luis Moreno, un sobrino de María Dolores de Cospedal. Nombres a los que habría que añadir bastantes otros aparecidos a lo largo de estos años, donde destacan las empresas de enseñanza de Florentino Pérez  y otros colonizadores de carácter religioso más o menos reciente como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación o los Kikos, amén de cuantos ya tienen tradición en este terreno, algunos muy arraigada y, otros/as, desde que en Francia la enseñanza se hiciera eminentemente laica en 1904 (IIIª República). No todo posible candidato a cobijarse bajo buena sombra puede entrar de lleno en tales entidades –ellas tienen sus particulares formas de captación de miembros cooperantes y son celosas de su selección–, pero si se tiene dinero suficiente, siempre puede uno cursar específicamente un máster como el de “Liderago, Gobierno y Gestión pública”, del IADG, donde podrá codearse no sólo con José María Aznar sino también con muy destacados empresarios del IBEX-35. En todo caso, es de particular relieve reconocer cuáles sean las competencias más apropiadas a desarrollar para meterse en este beneficioso campo de acción social y… educativa.

Granados y Fígar, dos personas muy destacadas del entorno de Esperanza Aguirre –actual candidata a la Alcaldía de Madrid por el PP–, ofrecen, cada una a su manera, los estilos para saber moverse en la dirección adecuada si uno decide meterse en este tipo de iniciativas con doble cara, privadísima y “socialísima”. El primero es en este momento demasiado conocido en su juego con  los colegios concertados y privados. Una pena, porque lo tenía bastante bien montado y, este pasado día 11, nos acabamos de enterar de que se estaba llevando entre 900.000 y 1.200.000 euros por cada uno de los cuatro colegios que había promovido como concertados en la Comunidad con su socio Marjaliza. Para entender mejor el papel actual de Fígar y su ejemplaridad particular, es muy de agradecer la doctrina que ya dejó sentada –en agosto de 2011– en un encuentro en Rímini con miembros de Comunión y Liberación, probablemente como testimonio de buena compenetración con sus oyentes, disponible para seguir la sana doctrina neoconservadora. Allí sintetizó la importancia de tener alguien bien situado en la Administración para tomar decisiones –o ser uno mismo quien decida– para “mejorar el panorama de la educación en centros de gestión privada con fondos públicos”, a la par que la satisfacción por haber ido ampliando este tipo de centros que “puedan llevar adelante sus propios proyectos educativos con la ayuda y el soporte de los fondos públicos”, cuando ya había facilitado la apertura de “79 centros nuevos de este tipo”, habiéndoles solucionado previamente el “problema del terreno”. Sinceramente confesaba: “hemos ofrecido estos lugares gratuitamente a organizaciones religiosas, cooperativas y otras estructuras para que crearan centros sostenidos con fondos públicos pero con gestión privada”. Podía haber confesado, igualmente, el meditado programa de desatención que estaba fraguando contra la educación pública y sus profesionales o sus nulas iniciativas para innovar la metodología de trabajo de estos. Hoy cabe preguntarle, además, si, para que un colegio sea bueno, basta con decir –como repite su propaganda– que es bilingüe sin ni siquiera evaluar si lo que se está haciendo es realmente educativo o una manera más de segregación. ¿Podría explicar también esta contratación exprés de becarios a que se acaba de apuntar, después de haber despedido –contando sólo el personal de los CEIPS–  a 2.500 interinos?

“Su educación la eliges tú”  es, sin embargo, uno de los eslóganes electoralistas que estos días invade Madrid en vallas y cuñas publicitarias de diversa duración. Un pretexto, también, para aclararse –a la luz de todo lo anterior– acerca de asuntos cruciales que complican la vida de los ciudadanos inútilmente. El empeño de muchos políticos en ganarse el voto dándole al palo de “la distinción”, en vez de explicarnos si su gestión del dinero público ha sido transparente y se ha traducido en cuidada atención a una escuela de todos y para todos, ha conducido a una situación cada vez más gravosa para la mayoría social y privilegiada para unos pocos. Zonas hay ya en Madrid –como Pozuelo o Boadilla–-, donde no es milagro alguno que los alumnos matriculados en la privada sean bastantes más que en la pública, como destacaba Luis Gómez el pasado día cinco en El País y, a este paso, después de que la LOMCE consagrara la legalidad de la subvención por sexos (84.3) y que la iniciativa privada pudiera consagrarse como “demanda social” en cuanto a centros educativos (art. 109.2), pronto tendremos varias Españas con certificación programada. Ya tenemos muchas maneras de interpretar el artículo 27 de la Constitución. Sólo falta que ahora nos creamos que de nosotros –de todos nosotros– depende esto de la libertad de elegir centro; que esta libertad de elegir que se pregona es posible a todos los ciudadanos y, por tanto, que, si te equivocas es tu problema, claro, y que la Administración no tiene nada que ver en tus posibles yerros.

Mientras lo discutimos, un grupo específico bien trabado se apropia del espacio y los presupuestos de todos, y otro, considerablemente mayor, es gradualmente excluido hacia una creciente precariedad, como advierte Bernardo Secchi en La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres (Ed. La Catarata, 2015). La educación que están construyendo los ricos o los que se sienten como tales –la finca particular que están creando dentro de España– es crecientemente “distinguida”, muy propicia para la fragmentación social. Cabe preguntarse si la ventajosa captación de talentos emprendedores que tan vacuamente se está defendiendo y la estrecha colaboración institucional que propugnan los ejemplos más conspicuos de corrupción que cada día conocemos más, seguirá dándose a partir de las siguientes elecciones. Si eres votante, tú sí que decides.

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