creandociudadania.org
Jueves, 23-Noviembre-2017 - 01:07 h.
LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Panegírico del paisaje urbano y humano

Antonio Ruiz Heredia
5-Septiembre-2012

Los humanos somos animales de costumbres, hábitos y rutina. Aunque hemos aprendido a volar e incluso planear como los buitres; a ver el mundo en la oscuridad, como el cárabo y a construir ciudades y almacenes como las abejas, aún conservamos, como mamíferos que somos, nuestros caminos secretos de la misma manera que el ratón de campo. Seguimos invariablemente las viejas rutas entre los matorrales, como el corzo y somos extraordinariamente sociales y jerárquicos marcando nuestro territorio como el lobo, por ello cuando se nos descoloca el paisaje nos sentimos de inmediato desconcertados y hasta en cierto modo huérfanos.

En la mayor parte de los casos nuestro paisaje es urbano y lo reconocemos y recorremos gracias a sus características, colores, olores y pobladores que lo comparten con nosotros y con los que nos cruzamos a diario. Ese acto social y ese registro de nuestro entorno inmediato hacen que nos sintamos  cómodos dentro de nuestro ambiente, seguros y reconfortados.

Indefectiblemente los almacenes, cines, panaderías, tabernas, ferreterías, librerías o tiendas especializadas configuran el paisaje de una población; sobre todo los más antiguos locales que nos han venido acompañando desde la niñez y que se nos antoja han permanecido allí desde siempre, aquello que nuestras abuelas denominaban “una tienda de toda la vida”, cuando desaparecen, resultan ser los más añorados.

Tonelerías, boterías, zapaterías a medida, cererías, corcheras, cacharrerías, chamarilerías, tabernas, papelerías, casquerías… tienden a evaporarse de la noche a la mañana en el momento en que sus propietarios llegan a la jubilación sin aprendices o cuando los herederos deciden “modernizar” el local permitiendo su cruel sustitución por una hamburguesería, tienda de ropa moderna, bar de características impersonales o franquiciado de cualquier índole,  de modo y  manera que el paisaje no solo de nuestra niñez sino también el cultural y tradicional de una ciudad se transforma brutalmente llegando a perder su esencia y por tanto el interés por ser visitado, admirado o fotografiado, así como de  extraviarse por sus calles centenarias.

Las corporaciones municipales de muchas ciudades contribuyen bastante a esta desmembración social, cultural y hasta antropológica, permitiendo esto y autorizando incluso, en el mejor de los casos, la mutilación de antiguos edificios que verán sustituido su interior por una construcción moderna e impersonal, sin darse cuenta –o tal vez dándosela precisamente- que se llega a perder de manera irremediable la esencia misma de un edificio en aras de la apariencia y en el peor de los casos con el derribo total de la antigua construcción.

También muchos malos arquitectos ponen su granito de arena, sobre todo aquellos convencidos por ideología, prestigio o dinero, de que la tendencia moderna no debe ser otra que la de la búsqueda del contraste más brutal, la línea recta inmisericorde y la homogeneidad más antiestética e impersonal. Parecen ignorar que los buenos profesionales no tienen la obligación ir más allá que sus colegas en el diseño, ya que corren entonces el peligro de alcanzar grados de zafiedad elevados con resultados en muchos casos de tremenda vulgaridad; sino que pueden ser capaces de diseñar, crear y edificar volúmenes armoniosos, obras integradas en el entorno circundante, incluso reconstrucciones impecables, dejando los experimentos arquitectónicos para zonas modernas y despejadas donde puedan ser vistos, admirados por su atrevimiento o denostados por sus detractores.

En muchas localidades europeas, existe una clara preocupación por la conservación de cierto paisaje comercial anticuado pero bello; quizá trasnochado, pero real y  sobre todo representativo de otras épocas, usos y costumbres que pertenece a todos porque simboliza su pasado y es en lo que la actual ciudad se ha apoyado en su momento para llegar a ser lo que constituye su actualidad. En este sentido, los ayuntamientos se afanan por restaurar, reconstruir, limpiar y conservar no solo edificios, sino en aquellos casos en que eso fuera posible, los usos para los que fueron construidos. Vetustas tiendas dedicadas a la elaboración artesana y venta de determinados productos no solo son un museo antropológico vivo y representativo, sino que constituyen focos de atracción cultural e incluso turística. Antiguas fábricas pueden ahora albergar incluso centros comerciales, dejando sin embargo un rincón para el recuerdo y la historia donde los jóvenes puedan ver como era y lo que allí se hacía. Estaciones de ferrocarril en desuso, que albergan museos de antiguos coches de viajeros y locomotoras, etc. Lo contrario no solo denota cierta falta de sensibilidad histórica e incapacidad para gobernar, sino escasa visión moderna de la cultura y un afán destructivo medieval como ese que siempre se caracterizó por la típica demolición de la primitiva iglesia visigoda  para ser sustituida por una mezquita que a su vez  es demolida dando origen a un templo católico, todo ello siguiendo ese absurdo ritual de preponderancia religiosa mas o menos integrista de unos sobre otros.

En este aspecto, la educación ambiental tiene mucho que decir por cuanto la ciudad, el pueblo, el barrio constituyen recursos interesantísimos que hábilmente recorridos, estudiados y utilizados sirven para que los escolares, por ejemplo, aprendan a reconocer su entorno urbano, a apreciarlo y por consiguiente a respetarlo cuidarlo colaborando en su mantenimiento y mejora; pero a los educadores ambientales nos resulta sumamente difícil luchar contra esa tremenda ignorancia de ciertos políticos que no ven más allá de sus narices electorales, que no dan facilidades a los maestros ni a los monitores de asociaciones juveniles, que restringen las ayudas y colaboran poco o nada en la modernización de planes de estudios y que no se juntan con nadie ni admiten sugerencias, consejos o apoyo de otras personas o entidades diferentes a su partido, que no tienen en definitiva ni la más remota idea de lo que es trabajar de manera interdisciplinar, experimental y novedosa.

Antonio Ruiz Heredia es maestro y educador ambiental

[ Volver atrás ]
Ven a la Escuela Públicawww.quehacemos.org
noticias opiniones encuestas informes polémicas normativas agenda videos imágenes humor contacto mapaweb
creandociudadania.org  ®  2012