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LA OPINIÓN LA PUBLICIDAD

Nos engañan o no saben lo que tienen entre las manos

Luis Jiménez
28-Agosto-2012

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.” Es un viejo proverbio hindú que debería estar grabado al fuego en la mente de todas las personas, de forma muy especial en la de algunos responsables políticos que han confundido la inviolabilidad de sus actos y manifestaciones cuando asumen determinadas responsabilidades con una carta blanca que piensan que poseen por ello para decir lo que les venga en gana, aunque con lo que expresen digan absolutas tonterías, ridiculicen o desprestigien a otros –incluso aunque no les conozcan personalmente o les metan en un saco que no les corresponde–, o simplemente no digan la verdad, que es lo mismo que decir, de forma “no políticamente correcta”, que mientan.

Son demasiados los ejemplos de quienes, desde el altavoz que dan ciertas responsabilidades políticas, se atreven a decir cosas que ni tan siquiera se han parado a reflexionar brevemente antes, o que se inventan lo que dicen sin ningún atisbo de vergüenza, no digamos ya cuando mienten de forma abierta y descarada. La mayoría de las veces, tales comportamientos se deben a un exceso de prepotencia o a un complejo de inferioridad.

Sin duda, uno de los personajes más famosos en este terreno en las últimas fechas guarda relación con el Ministerio de Educación. Sus disparates ante cualquier micrófono que se le cruce por delante –incluso para decir que sabe más que los jueces del Tribunal Supremo en materia legal– saltan a los medios con cierta frecuencia. Los entendidos en la materia, entre los que no se encuentra, se “tiran de los pelos” cuando le escuchan, pero él no tiene ningún problema con lo que puedan pensar los demás, para eso tiene el cargo que tiene. Son tantos los ejemplos que nos ha dado en tan poco tiempo que sería injusto elegir alguno en concreto. Si en su comportamiento está presente la prepotencia, el complejo, o ambos, lo dejamos al gusto de cada cual.

Tampoco le anda a la zaga quien tiene gran presencia ahora en el Ministerio de Empleo –aunque deberíamos decir del desempleo pues sólo se han tomado medidas para dejar a más personas sin trabajo alguno–. A los momentos estelares que nos ha brindado se ha unido hace poco la intervención en una radio para decir que la Virgen nos echa un capote para salir de la crisis y mejorar el Estado de Bienestar. La única salida que puede encontrarse en la religión a las miserias humanas está ligada con la muerte, lo que no parece que sea muy aconsejable, ni debe verse como muy positivo. De hecho, ayudas divinas a los problemas humanos, ninguna, como se suele decir “ni está ni se la espera”. Pero a ella sólo le ha faltado ponerse a rezar ante los micrófonos. Como tengamos que esperar a que las soluciones nos vengan desde una esfera extraterrenal que no existe, vamos dados. Así se pueden entender algunas de las afirmaciones sobre que las cosas se hacen “como Dios manda”. Pues, si fuese así, mandar, manda mal –o bien para los alemanes, que igual tienen más recomendaciones que nosotros–.

De lo que pasa en la parte alta del Ministerio de Sanidad, mejor no hablar. Y del de Justicia... Pero si alguien se lleva la palma es determinada Presidenta autonómica –que echa carreras con su Consejera de Educación, todo hay que decirlo–. Es una verdadera profesional de la distracción y del insulto y desprecio hacia todo aquello que no le gusta o de aquellos cuya existencia le es molesta.

De sus provocaciones hacia el profesorado, testimonios miles en los medios de comunicación de los últimos años, contra las familias –que es lo mismo que decir contra la sociedad– también se pueden encontrar cientos de ejemplos, no hace falta rebuscar mucho. Que hoy se insulta, mañana se niega o se dice que no era eso lo que se quería decir, “es que los medios tergiversan todo señoriiiiiiiiita”. Que alguien dice algo que no le parece bien, es que esa persona no sabe o está manipulada por “las hordas soviéticas infiltradas en esta su España”. Seguro que algunos le ponen nombre al personaje con facilidad, pero ¡ojo!, que también es seguro que no coinciden en dicho nombre personas de diferentes Comunidades Autónomas, pues también en eso existe competencia atroz para ver quién llega más lejos en el menor tiempo posible.

Lo peor de todo –si es que se puede encontrar el peor lado de algo con total seguridad–, es que detrás de todos esos excesos verbales existe mucha ideología nociva para la mayoría de la sociedad, demasiada mala intención para con los ciudadanos normales –que son esos que no tienen SICAV, visitan con frecuencia algún paraíso fiscal, o se acogen a la amnistía fiscal, “pobrecitos”–, mucha dedicación hacia desmantelar todo lo que huela a público, y tendencia excesiva a darle cada vez más “cacho” a los de siempre.

La Democracia que vivimos tiene mucho camino por recorrer, sobre todo para saber separar el polvo de la paja y sacar de las instituciones a los deslenguados y a los inútiles. En demasiadas ocasiones coinciden en la misma persona las dos facetas. De hecho, los inútiles tienen pocos caminos para dar a entender que no lo son, pero a menudo eligen el mal camino y abren la boca sin saber para qué, con lo que, quienes les escuchan, descubren con estupor que el hablante no sabe lo que tiene entre las manos. Y cuando los deslenguados saben lo que tienen que hacer, entonces suele ser que detrás de sus excesos está el engaño y la manipulación. ¡Estamos bien “fastidiados”!

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